Hacíamos diker en casa de mi Abuela Maria Aurora, esa casa que ya no existe. Era un solo espacio, las paredes de la sala y el despacho no existían. Estaba representada casi toda la gente que amo, mis tíos, mis primos, mis hermanos y hermanas naqshbandis, mis amigas de azuqueca, mis amigas de la prepa, las de la carrera...Llegaban incluso personas que hace silgos que no veo, entre ellas una amiga muy querida que llegaba doble: su ser pre-sufi (con tejanos, pelo revuelto, jersey corto) y su ser post-sufi (con pañuelito, con mirada dulce). Las tres nos fundíamos en abrazo y cuando nos soltábamos ya era sólo una.
Nos sentábamos a hacer diker con los ojos cerrados y entonces empecé a sentir que me elevaba. Me ha pasado muchas veces, sentir que me elevo. Pero esta vez era real y no era sólo yo. Tomaba las manos de los que estaban a mis costados y lo mismo hacían ellos. Todo el cículo del diker empezaba a elevarse, con todo y casa. Daba vértigo. Por un momento quise abrir los ojos y Mahmud me gritó desde el otro lado del círculo: ¡no los abras!!! Sólo alcancé a entrever a trevés de las cortinas que la gente se desvanecía por la calle. Como la bella durmiente al tocar el uso.
Cuando la casa volvía a aterrizar estábamos todos sanos y salvos, pero los de afuera habían muerto.
Luego estábamos congregados en una especie de gimnasio con pasillos circulares. Como el museo MARCO de monterrey: un patio central, corredores techados, pero en círculo, el patio no era siempre visible. Íbamos en grupo y hacíamos diker también mientras circunvalábamos el patio. Yo comenzaba a correr y alzaba el vuelo, me escurría entre las estanterías y el techo, avanzaba ligeramente sintiéndome feliz y emocionada. Pero nuevamente todos aquellos que no habían hecho diker se desvanecían. Era como si el diker nos estuviera salvando el pellejo todo el tiempo.
En la siguiente escena mi marido entregaba su furgoneta a un policía, militar o cosa parecida, nos habían confiscado todo, incluso a nuestras niñas. En la furgoneta iban las sillitas de Halima y de Fátima. Hali ya estaba atadita y Mahmud entregaba a Fati (que no era Fati sino un bebé muy extraño). Mientras arrancaban yo me acercaba a Hali y trataba de explicarle: "mi amor, ahora tenemos que separarnos pero tienes que tener bien presente que te amamos muchísimo y que esto no es una decisión nuestra, que en cuanto podamos volveremos a estar juntos y que, pase lo que pase, lo más importante es que estés bien".
¡¡¡¿Por qué nos hacen esto???!!!!! Preguntaba yo con desesperación. ¿Qué querías? contestaba mi marido, todos han muerto en el gimnasio menos nosotros. Nos culpan. Y comenzábamos a huír de vehículos de guerra.
Creo que esto supera a la peorsísima pesadilla recurrente que es soñar que mi mamá se muere. Esa tenía el número uno porque al despertar, no es posible pensar aquello de "manos, mal, era un sueño". Esta vez sí, gracias a Dios. Mis dos niñitas estaba plácidamente dormidas. Pero la angustia vivida (sí, los sueños también son vivencias) no tiene parangón.
Había estado hablando con una amiga sobre SU angustia referente a estos tiempos tan movidos e inestables, me preguntaba si nos estamos preparando para alguna catástrofe o eventualidad (sí, tenemos unas reservas mínimas de comida, agua, medicinas y remedios, pero SOBRETODO MUCHA MUCHA PRÁCTICA ESPIRITUAL, MUCHA FE, MUCHA CONEXIÓN, MUCHO AGRADECIMIENTO, Y MUCHA ORACIÓN para saber dónde tenemos que estar y qué tenemos que hacer en cada momento, no sólo si sucede alguna crisis mayor, sino aquí y ahora qué quiere Dios de nosotros...) y me decía no podía vivir con la preocupación de algo malo pudiera sucederle a ellos y que sus bebés se quedaran desprotegidos.
Claramente me sacó mis propios monstruos ¡y eso que los suelo tener bastante a raya! Yo hago dúa (pido) todos los días porque Dios me de vida, salud y sabiduría para acompañar a mis hijitas por el camino hasta que sean mayores, y agrego que si eso no es posible, que a ellas les garantice guía y protección, y las compence con algo mejor y les evite todo daño. Generalmente eso me pone el corazón en paz. Igual que yo, ellas están en manos de Allah, igual que todos.
Sinceramente creo que lo mejor que todos podemos hacer en estos tiempos de cambios tan radicales, en las vidas personales y en la vida mundial, es pedir, conectarnos de corazón con LO MEJOR que encontremos, con aquello de donde brote más Luz, más Amor, más Paz y que tratemos de llevar ese sentimiento noble con nosotros ahí donde vayamos...
Insha'Allah, todo saldrá bien.
(la imagen está tomada de www.meditacionsufi.com/meditacion-sufi/, una página preciosa que han hecho unos hermanos de Madrid donde pueden asomarse un poquitín a lo que es diker y Mawlana, ya saben quién es Mawlana, que Allah le de todo lo mejor de este mundo y del otro).







