Sunday, January 31, 2021

IMBOLC



En la cueva

Invierno, momento cueva.

Ya llega Imbolc, ese momento del año en que la Madre Tierra enciende los fogones de su vientre, y ahí dentro, las semillas empiezan a despertar.

Mi momento Imbolc es: entre querer dormir como Mamá Osa soñando, si acaso, con pastelitos e historias bellas; y arder en mi propia hoguera con el fuego de millones de semillas que se agitan en mi interior.

Me explico: Hay dos fuerzas que se agitan dentro de mí, una terrestre, cóncava, estable, abrazadora. Y otra ígnea, inasible, inquieta, extrema, transmutadora. Normalmente se alternan en el tiempo. En la época en la que tenía bebés y niñas pequeñas, era muy Madre Tierra. Y el fuego ese brillaba solo en algunos momentos como una chispa de insatisfacción, que se apaciguaba con una buena charla trascendente, con una lectura luminosa, o con un desahogo de versos en mi diario. Antes de eso fui más hoguera. Leer, escribir, enseñar, compartir, eran las fuerzas que me mantenían en movimiento y buscando. 

En los últimos años, me he preguntando seriamente en qué debería poner mi energía: mi vocación de mamá, mi vocación de poeta, o mi vocación de maestra que está a medio camino entre las dos. Cada vez que me decido por un camino, la Vida me lleva por otro.

Aquiles vs Ulises

Leo El Infinito en un Junco, de Irene Vallejo. Un ensayo luminoso y apasionante sobre el nacimiento de la escritura y la vida del libro en la antigüedad. Nada más empezar ya me pone delante el conflicto. El texto dice, hablando de la Iliada y la Odisea:

 "Aquiles pertenece a la gran familia de personas deslumbradas por un ideal, valientes, comprometidas, melancólicas, insatisfechas, empecinadas, y propensas a tomarse muy en serio a sí mismas (...)"

Cuando leí esa descripción pensé: Eso soy yo, ¡qué terrible! Más adelante, encontré lo que decía sobre Ulises y su determinación de volver a casa:

"Esa sabiduría nos susurra que la humilde, imperfecta y efímera vida humana merece la pena, a pesar de sus limitaciones y desgracias, aunque la juventud se esfume, la carne se vuelva flácida y acabemos arrastrando los pies."

 Y sentí: esto también soy yo. ¡Y cómo puedo ser dos cosas totalmente opuestas! ¿Cómo podría salir bien librada de un combate entre Aquiles y Ulises dentro de mí?

Mi yo aquileo me pide escribir. Leer poesía, volar a las esferas más altas y descubrir los hilos de oro que tejen todas las cosas, para luego contárselo a los demás, a todos. Entablar conversaciones con aquellos que andan igual que yo, entre las ascuas, con quienes se sumergen en los abismos para beber luz de las vetas de cristal.

Mi yo ulíseo, me pide guardar casa, cultivar las felicidades diminutas, hacerme horno de pan, regazo, coser y cantar. Me pide construir un recinto donde los recién llegados puedan crecer seguros, me pide que mis ojos sean mariposas y se posen delicados en pétalos y terrones, gotas y briznas, para desvelar sus maravillas.

A veces trabajan juntos: Aquiles sube a las esferas y Ulises construye con retazos de estrella una manada de caballitos de madera para un@s niñ@s que, sin ser mis hij@s, se alimentan de todo lo que vive y crece dentro de mí.

No se trata de salvarle la vida a uno y condenar al otro, claro está, sino de intentar que se hagan amigos. Cuando maltrato a uno, su venganza es terrible. Por ejemplo, entre la rutina doméstica y el trabajo, me cuesta mucho darme tiempo para escribir. Mi Aquiles interior se pasea como un león enjaulado dentro de su tienda maldiciendo a todos los dioses.

Logro encontrar el momento para leer, para llevarle comida al prisionero. ¿Y qué sucede? Empiezo a leer un libro de poesía súper premiado, traducido a 35 lenguas, de una poeta de unos 30 años, ¡y rabio! ¡ardo de envidia! ¡no soy capaz de encontrar la belleza ni el mérito en los textos! ¿Por qué yo no?, pienso, ¿por qué yo no tengo premios y un libro traducido a 35 idiomas y comentarios en el Washington Noséqué?

Miro alrededor, y recuerdo que un día decidí ser Madre Tierra para mis hijas, que a través de esa experiencia he podido atisbar las maravillas más grandes de la vida... Pienso en mi trabajo, y descubro la escalerita de cuerda que ha tendido para que yo pueda contemplar la vida desde el balcón del Unvierso. Poco a poco, mi Aquiles interior relaja las presión de las manos y libera el cuello de Ulises que vuelve a respirar.

En otros momentos es mi Ulises quien se indigna de que deje a mi Aquiles campar a sus anchas: me siento frente a la computadora y no me preocupan las pelusas debajo del sofá, ni el menú de la cena, ni el examen de matemáticas de alguna niña para el día siguiente, ni si una o la otra se han ido ya a la ducha. ¿Quién cuida los altares de esta casa?, me dice, ¿quién mantiene el fuego del hogar? ¿quién será capaz de tensar tu arco? Yo miro dentro de mí y recuerdo que soy poeta, que tengo una fuente de palabras incrustada en el pecho, y que también debo honrar ese don de los dioses. Ulises baja la espada, un hilillo de sangre corre por el cuello de Aquiles, ambos envainan.

Mi miedo más grande es fallarle a ambos. "No estar a la altura de mi talento" como un día alguien que me quería bien (porque pensaba que yo tenía talento) me reprochó. Dicho de otra forma: no llegar a darles vida a esas palabras, que sólo yo puedo nacer. No darle a mi familia eso que sólo yo puedo traer, como corazón de esta casa. No estar suficientemente presente con todas mis magias y recursos, para acompañar a los peques que acompaño en mi trabajo. Algo de soberbia hay en todo esto, es verdad, y mucho de obsesión.


Un poco de magia

Sea como fuere, mi meta es procurar que ambos héroes se lleven bien. Así que, aprovechando este tiempo mágico en el que la tierra empieza a madurar sus semillas, yo hago un voto por la concordia, elijo las semillas que quiero madurar:

Encontrar la armonía entre lo que me doy a mí misma y lo que doy a los demás.

Disfrutar en grande las cosas pequeñas.

Mantener una conexión amorosa con  mis diosas domésticas y a mis diosas estelares.

Cuidar amorosamente de mi cuerpo, mi mente y mi corazón.

Nacer palabras muy bellas, en todos los contextos en los que me muevo, que puedan despertar el amor.

Construir vínculos amorosos equilibrados y satisfactorios.

Estar presente en cada instante.

Recibir en abundancia y con agradecimiento todo lo bueno que el universo tiene para mí.


¿Cuáles son las tuyas? ¿Qué cosas quieres cultivar y ver crecer en este nuevo ciclo? ¿Qué flores quieres oler esta primavera, qué frutos te gustaría saborear este verano?

¡Feliz Imbolc para tod@s!




Friday, January 22, 2021

Recetas para acompañar el insomnio

 


Algunas veces, entrar en el País de la Noche es delicioso, es abandonarse en los brazos acogedores del sueño, como en los brazos de un viejo amor. Sin embargo, otras veces es entrar sin remedio en un territorio agreste e inhóspito, infértil y desolador: el reino del insomnio.

Últimamente sé de personas queridas que no pueden dormir. Hay mucho que decir respecto al sueño, sobre cómo equilibra y regenera y cumple tantas funciones vitales. También se puede hacer mucha poesía al respecto, pero lo que quiero compartir aquí son argucias que nos han servido en momentos inhóspitos de nuestras vidas para lidiar con el insomnio.

Hay algunas muy sencillas y prácticas, y otras un poco más del ámbito del trabajo interior.

Las más prácticas (trabajo exterior):

·         Lo primero, evitar estimulantes durante el día, tipo tés con teína o café.

·         Evitar azúcar después de la hora de la comida.

·         Tomar té de tila, melisa, manzanilla, azahar por la tarde.

·         Cenar temprano, al menos dos horas antes de irse a acostar.

·         Poner una gota de aceite esencial de lavanda en la almohada. Yo me lo pongo directamente en los tobillos, muñecas y detrás de las orejas. A mí me funciona muy bien, pero si tienes un olfato demasiado sensible puede hacer el efecto contrario, la idea es encontrar la dosis que te resulta relajante y reconfortante.

·         Hay un aceite que es una maravilla, una mezcla de Do Terra, que se llama SERENITY. Te pones una gotita en la planta de los pies y es muy efectiva. A nivel de aromaterapia es lo más efectivo que conozco.

Las que apelan al trabajo interior:

Yo he descubierto que algo que me funciona muy bien es cambiarme del canal del Pensar, al canal del Sentir. Eso tiene varios modos, pero básicamente es traer al corazón recuerdos, palabras, itinerarios que me anclan en el “sentimiento noble”, como diría mi profe de Shiatsu (el cariño, la alegría, el agradecimiento, la ternura, la nobleza, la paz, la fe, la humildad, la conexión…) Aquí algunos de ellos:

·         El viaje imaginario

Me imagino que me quito mi piel como si fuera un suéter. Y lo mando de viaje. Ya mi atención no está en mi cuerpo tendido en la cama, sino que pongo mi percepción al servicio de ese yo viajero y leve. Algunas veces sobrevuelo paisajes hermosos, otras me paseo por campos dorados, otras más me sumerjo en aguas cristalinas y descubro jardines sumergidos. Durante ese tiempo hago el ejercicio de SENTIR de verdad: los colores, las temperaturas, los olores, las texturas…Casi siempre el viaje termina en un lugar que visito hace mucho tiempo dentro de mí y que me da mucha paz: me recuesto entre las nudosas raíces de un árbol enorme, su copa me da sombra, y frente a él hay un lago muy tranquilo y un cielo muy azul.

·         El viaje interno

A lo mejor has oído hablar de una técnica terapéutica que se llama “visualización creativa”, se trata de poner a funcionar la percepción de nuestro cuerpo por dentro y ayudar a sanar cosas si tenemos algún problema de salud. Yo lo hago un pelín diferente porque he descubierto que me hace bien, así nomás. Me vuelvo pequeñita y entro por una de mis fosas nasales. A cada parte de mí que voy encontrando por el camino la voy saludando, le pregunto cómo está, o directamente percibo cómo está y si siento que necesita algo, por ejemplo, está seca, pues le doy una solución creativa: le doy a beber un vaso de agua, la riego como una plantita, le unto una cremita hidratante. Si no tengo la sensación de que sea necesario hacer nada en concreto sencillamente hablo con ella, le agradezco lo que hace por mí, la acaricio con amor, o la abrazo, o bailo con ella. La idea es dejar un poco que eso fluya, no hacerlo desde la cabeza sino desde la intuición y la imaginación (la imaginación como órgano de percepción, diría Ibn al Arabi).

·         Trabajar con el sentimiento

Esta es un poco parecida a la anterior, pero no hace falta hacerse pequeña. Sencillamente te centras en tu corazón. O como diría Lorca, te SIENTAS en tu corazón. Una forma de hacerlo es sencillamente poner la mano sobre tu pecho y sentir su latido, eso te lleva ahí. Otra es hacer dos o tres respiraciones conscientes. Otra es dirigir tu atención al lugar en el que sabes que está tu corazón. Una vez ahí hay que hace un gesto de apertura, de dejar salir el sentimiento como una gota que se va expandiendo en todas direcciones. Puede ser el cariño, o la ternura, o cualquiera de estos “sentimientos nobles” que te decía más arriba. Debería sentirse ligerito, húmedo, templado, reconfortante. Y aquí el trabajo es sencillamente dejarlo salir, no empujarlo, solamente observar (nuevamente con el corazón, no con la cabeza) cómo va creciendo hasta rebasar tu propio cuerpo y formar una especie de huevito en el que quedas envuelta. A veces estoy TAN metida en mi cabeza que no fluye el sentimiento. Entonces tiro de recuerdos: busco momentos felices, de calma, de mucho amor y ese sentimiento ya se vuelve algo sensorio e identificable y puedo dejarlo salir y correr por mi cuerpo.

Cuando ya tengas ese caminito hecho puedes hacer mucho más, por ejemplo sentir cómo empapa cada uno de tus órganos por dentro. A veces me he sucedido con que al ir empapando me encuentro con la tristeza, me dan ganas de llorar sin razón. Mi profe se Shiatsu dice (sí, es mi gurú), que uno va guardando emociones y el cariño las limpia. Es como entrar en una sala que no has recogido en mucho tiempo y tropezarte con las cosas que se quedaron tiradas por ahí. Sencillamente hay que “empapar” esa emoción también y seguir sin meter la cabeza.

·         Cantar mantras en silencio

En la tradición sufí se dice que el “diker” más poderoso es el diker del corazón, el que se hace en silencio. El diker es la recitación de los nombres o atributos divinos, esos son nuestros mantras. Más que recitar se trata de SENTIR el mantra. El que tú quieras, conozcas, te guste, alguno con que tengas un vínculo real, que al pronunciarlo dentro de ti haga efecto. Puede ser una oración que hayas aprendido de pequeña o un mantra que elijas ahora porque te da paz. Yo empiezo a cantarlos dentro de mí y pongo mi atención en el corazón. Normalmente eso hace que me invada una sensación de bienestar y esa canción me arrulla hasta dormir.

·         Poner a funcionar el agradecimiento

Durante una época de mi vida, que llegara la noche era un horror. No sé si lo que me pasaba era fisiológico o psicológico o ambas, pero ciertamente no me dejaba dormir. Sentía que me iba a morir como un perro, sola en aquéllos desiertos, y que me iban a enterrar ahí entre las arenas, donde (casi) nadie que me quisiera pudiera ir a llevarme flores o llorar sobre mi tumba. ¡Peliculón! Pues encontré que si me aferraba a creer que aquello estaba guiado por la Sabiduría, y que era bueno y necesario para mí, que estaba protegida por una fuerza más grande que yo, y empezaba a dar gracias, el agradecimiento empezaba a crecer dentro de mí y a transformar todo lo demás: el miedo, el estrés, la incertidumbre, la tristeza, la ansiedad, ¡todo! Poco a poco mi cuerpo se relajaba y yo podía quedarme dormida. Ahora, aunque no haya nada en concreto, ninguna idea, ningún síntoma que yo sea consciente que me está impidiendo dormir, sencillamente empiezo a dar gracias por todo lo bueno que hay en mi vida, voy evocando cada cosa y sintiendo la belleza o el bienestar o la alegría que aporta a mi vida, y sale de ahí un agradecimiento tan grande que se come todo lo demás.

Miedo a no dormir

Creo que mucho peor que no dormir, es el miedo o el estrés, o la ansiedad que genera la sola idea de que no vas a poder dormir. “Intentar dormir” es un contrasentido: mientras más lo intentamos menos dormimos. Hay cosas que simplemente suceden y una es el sueño. Así que creo que más bien conviene cambiar la idea de combatir el insomnio por la de acompañar el insomnio. Quizá es como esos niños molestones que, mientras saben que incordian, están ahí pegados, cuando no ven el efecto que quieren, pierden el interés y se retiran.

El remedio ancestral para conjurar al miedo, para invocar lo bueno es, por supuesto cantar. Así que cantemos para atravesar la noche, aunque sea en nuestro interior. Abracémonos con cantos, mezámonos suavemente en un puñado de sonidos que nos acolche la ansiedad y poco a poco la diluya.

En estos tiempos en que el suelo se mueve bajo nuestros pies y las certezas se transforman tan rápido, el sueño es un refugio. Espero que estas herramientas puedan servir a que quienes no tienen un camino feliz por el país de la noche, que encuentren la veredita hacia su cueva protectora, hacia sus dulces sueños.

Friday, March 27, 2020

Ardilla Roja cumple años





La realidad de algunos proyectos educativos “alternativos” | Arte ...

Aquí en nuestro retiro la vida sigue. Hace unos días una de las vecinitas, amiga de Fátima, cumplió años. Nos emocionamos cuando todos los vecinos cantaron el Cumpleaños Feliz después de los aplausos, para ella y para otro vecinito que también cumplía años.

Se me ocurrió escribir este pequeño cuento como regalo. Quizá sirva también de inspiración para aquellos a quienes les toque cumplir años en esta cuarentena y se sientan inquietos por no poder celebrarlo como acostumbran. Desde luego serán cumpleaños para recordar de manera especial, toda la vida.

¡Feliz día a día para tod@s!

Ardilla Roja cumple años 

Habían pasado ya varios días desde que Madre Naturaleza avisara a todos los animalitos, que debían quedarse en casa porque ese año, ella necesitaba descansar otro ratito.


Ardilla Roja, sus hermano Castaña y su hermanita Pequeña Ardilla, pasaban el tiempo jugando, ayudando a papá y mamá con las tareas de casa y aprendiendo cosas nuevas. La verdad era que, aunque tenían ratos de aburrimiento y algunas veces se cansaban de jugar solo entre ellos, habían descubierto que en casa estaban muy bien.

Cada año, unos días después de que llegara la primavera, llegaba también el cumpleaños de Ardilla Roja. Solían celebrarlo con una excursión al río cercano, en la que participaban todos sus amigos. La mamá de Orejitas, llevaba su deliciosa tarta de avellanas. El día que la preparaba el aroma tostado y dulce llegaba desde el roble de enfrente hasta la casa de las ardillas. Mamá Coneja, que vivía con su familia en las raíces del árbol, llevaba horchata de almendras para todos. Tío Tejón tocaba el Cumpleaños Feliz con su acordeón, y las ranas salían de su charca para ponerle sus preciosas voces a la canción.

Pero este año todo era diferente. Ardilla Roja se sentía triste. No se podía imaginar cómo sería su cumpleaños sin la excursión al río y sin sus amigos.

Cuando despertó el día de su cumpleaños, lo primero que hizo fue asomarse por la ventana de su habitación. ¡Hacía un día precioso! El cielo estaba azul, a lo lejos unas nubes blancas y esponjosas viajaban despreocupadas y el sol brillaba alegremente. Aunque no pudiera estar abajo correteando, Ardilla Roja se sintió feliz por ese día precioso. Sintió como si Madre Naturaleza hubiera preparado ese día, nuevecito y precioso sólo para él, y eso lo hizo sentirse muy especial.

Al salir de su habitación una sorpresa lo estaba esperando. Sobre la mesa encontró un rico desayuno: bellotas asadas, miel dorada y leche de nuez. Si hubiera sido un martes como cualquier otro, papá habría salido de casa antes de que él y sus hermanos se hubieran despertado. Habría tenido que vestirse rápido, y desayunar más rápido para irse a la escuela. Y habría tenido que esperar hasta el fin de semana para poder celebrar. ¡Pero hoy parecía que el mundo se había detenido para que pudiera celebrar su cumpleaños con su familia!

Mamá Ardilla, Papá Ardilla, Ardilla Roja, Castaña y Pequeña Ardilla compartieron el desayuno con toda la calma de un domingo. Al terminar papá le dijo: “¿Estás listo para tu día de cumpleaños, Ardilla Roja? Parece que hoy vas a tener muchas sorpresas”.

“¿De verdad?” preguntó Ardilla Roja ilusionado.

 “¿Recuerdas la tarta de avellana que hace la mamá de Orejitas?” preguntó Mamá Ardilla.

“¡Claro, mi tarta de cumpleaños favorita!” respondió Ardilla Roja.

“Pues la mamá de Orejitas me envió una nota con la receta y la explicación para hacer tu tarta favorita. Así que hoy vamos a hacerla tú y yo”.

“¡Yuhu!” gritó Ardilla Roja, la mamá de Orejitas les había regalado el secreto para hacer la tarta de avellanas. A partir de ahora podría prepararla siempre que quisiera y celebrar cualquier ocasión.

Pasaron una buena parte de la mañana preparando la tarta. Cuando estuvo lista toda la casa olía a cumpleaños. El buen olor de la tarta, salió volando por la ventana y entró en todas las casas de los vecinos que se sintieron tan contentos como si fuera su propio cumpleaños.

“¡Ahora la horchata de almendra!” dijo Mamá Ardilla. Castaña y Pequeña Ardilla vinieron también a ayudar y se divirtieron un buen rato pelando y machacando las duras almendras. Cuando el trabajo estuvo hecho los tres hermanitos se fueron a jugar.

A la hora de la comida papá y mamá llamaron a las ardillitas. En el suelo del salón habían puesto el mantel que usaban para ir de picnic. Y estaba la tarta, el agua de horchata, unos bocadillos que Mamá Ardilla preparó.

“¿Un picnic en el salón?” se sorprendió Ardilla Roja. “¡Esto no lo habíamos hecho nunca!”

“Como no podemos ir de excursión al río, haremos nuestro picnic aquí mismo, ¿qué os parece?” preguntó Papá Ardilla.


“¡Genial!” contestaron las ardillitas. Y ese sí que fue un picnic de cumpleaños muy diferente.


Cuando llegó la hora de que el sol se despidiera y la luna saliera a saludar, todos los vecinos se asomaron a las ventanas como hacían estos últimos días. Pero esta noche, después de cantar dulces canciones para arrullar el sueño de Madre Naturaleza, Ardilla Roja empezó a escuchar otra canción. Desde el río cercano sonaba la potente voz de las ranas y unas notas saltarinas llegaban desde la casa de Tío Tejón. ¡Era el Cumpleaños Feliz! ¡Y todos los vecinos lo estaban cantando para felicitarlo desde sus ventanas y balcones!


Desde luego, ese cumpleaños no fue como los otros. Pero fue un cumpleaños tan diferente, que Ardilla Roja lo recordaría siempre, siempre, como un cumpleaños de lo más especial.

Tuesday, March 24, 2020

Otro ratito para Madre Naturaleza



Ayer vi una frase que me encantó en la web de una amiga: "Si no puedes ir hacia afuera, ve hacia adentro". Me pareció un excelente remedio para estos momentos que estamos viviendo. Y me recordó que las palabras pueden tejer caminos que nos lleven justamente hacia adentro, y que también nos pueden abrir puertas y ventanas para salir al mundo, de otro modo.

Este cuento está pensado para niños pequeños de 3 a 6, más o menos. Lo escribí siguiendo las pautas de Susan Perrow para crear cuentos "sanadores", es decir, que nos ayuden a entender e integrar las situaciones difíciles que vivimos. Servirá únicamente para niños que estén viviendo la cuarentena acompañados de sus padres, o de otra figura de apego que represente calidez y confianza.

Desafortunadamente muchos niños no tendrán la suerte de vivir estos días de retiro en esa atmósfera de seguridad y cuidados, ellos necesitarán otro tipo de cuento, así como los niños más grandes para quienes este relato se quede pequeño por su lenguaje. Estoy en ello.

Espero que este cuentecito les ayude a transitar con sus pequeños estos momentos.


Otro ratito para Madre Naturaleza

Todavía quedaban algunas flores blancas y rosadas en los almendros, cuando los hermanitos Ardilla se despertaron en su casita, en el hueco de una enorme encina. En el campo las primeras florecitas blancas y amarillas, parecían flotar sobre la hierba tierna, como hacen las estrellas en el cielo. En el aire había suaves canciones de pajaritos. Pero el cielo seguía cargado de nubes y soplaba un viento frío.


–        –¡Buenos días pequeños dormilones! –dijo mamá Ardilla a los tres hermanitos–. ¿Habéis dormido ya bastante?


–        –¡Otro ratito! –contestó la más pequeña de las ardillas arrebujada en su mantita. Sus dos hermanitos, sin embargo, se pusieron a saltar enseguida y a dar vueltas por toda la casita.


Mamá Ardilla empezó a preparar el desayuno: calentó rica de leche de bellota y metió al horno un delicioso pan de nuez. A Pequeña Ardilla no le quedó más remedio que levantarse, entre el barullo que armaban sus hermanos y el buen olor de lo que preparaba mamá.


–       –¡Ya está listo el desayuno, ardillitas, venid a la mesa! –anunció Mamá Ardilla.


Los tres hermanitos se acercaron a la mesa, felices de probar tan rico desayuno.


–      –¿Cuando terminemos el desayuno, podemos salir a corretear por las ramas?

–      –¿Y bajar a coger las flores?

–   – ¿Y subir a la copa del árbol a saludar a los pajaritos? –preguntaron los hermanitos, que habían dormido todo el invierno y estaban deseando salir del hueco del árbol a explorar y jugar con los vecinos.


–      – Mirad queridas ardillitas, mientras dormíais, Madre Naturaleza nos ha mandado un mensaje a todos los animales. Como sabéis, cada año al final del invierno, Madre Naturaleza despierta con gran alegría y, junto con ella, todos nos ponemos más activos, salimos de nuestras casitas, empezamos de nuevo a trabajar, a jugar y a celebrar juntos. Pero este año, Madre Naturaleza necesita dormir otro ratito.


–   –¿Madre Naturaleza necesita dormir otro ratito? –preguntaron las ardillitas abriendo unos ojos enormes.

–      –  ¿Cómo yo cuando se despertaron mis hermanitos? –dijo Pequeña Ardilla.


–  – ¡Exactamente! –contestó Mamá Ardilla –. Este año Madre Naturaleza necesita que la dejemos descansar otro ratito, y por eso, nos vamos a quedar a jugar y a trabajar dentro de casa durante algunos días más, así no la despertaremos con nuestros ires y venires.


–    – ¿Y no podemos salir a jugar con los vecinos?

–    – ¿Y a correr por el campo?

–     – ¿Y a hacer excursiones al río?


–    – Podremos hacerlo cuando Madre Naturaleza haya descansado el tiempo suficiente para sentirse muy fuerte y contenta.

–   –  ¿Pero qué vamos a hacer todo el día aquí adentro? –preguntaron los hermanitos.

–    –¡Pues tenemos muchos días para descubrirlo! –les contestó Mamá Ardilla.


Lo primero que hicieron las ardillitas fue limpiar y arreglar su casita. ¡Cómo disfrutaron barriendo y frotando, lavando y enjuagando! ¡Y qué bonito quedó todo!


Duespués hicieron circuitos por la casa y retos de muchos tipos. Inventaron muchos juegos, y mientras más jugaban más juegos se les ocurrían.


Con las bellotas y las nueces que tenían almacenadas en la despensa, aprendieron a hacer cuentas y a cocinar cosas muy ricas. Mamá Ardilla conocía muchas recetas deliciosas. ¡Y ahora podrían aprender a prepararlas ellos mismos!


Papá Ardilla también estaba en casa. Los ratitos que pasaban en su regazo eran de sus momentos preferidos ¡podían tenerlos todos los días!


A ratos con papá y a ratos con mamá, las ardillitas aprendieron a hacer muchas cosas nuevas y practicaron otras que ya sabían: como amasar pan, construir objetos bellos para decorar su casita, tallar madera, coser…Y a ratos ellos solitos disfrutaron también jugando, imaginando, construyendo mundos nuevos dentro de su habitación, cantando canciones, bailando…


Cuando echaron de menos a los amigos y la familia, Mamá Ardilla les dio una buena idea: encontrarse con ellos dentro del corazón:


–     – Cuando quieres mucho a alguien, un poquito de ese ser querido se queda a vivir dentro de ti: su sonrisa, su voz, sus gestos, sus abrazos. Así que siempre puedes recorrer el camino hasta tu corazón y sentir que estás con ese alguien a quien tanto quieres.


A las ardillitas les gustó mucho la idea. Y cada noche, antes de irse a dormir, pensaban con amor en todas las personas de su corazón, y era como estar un ratito con ellos.


Por la tarde, cuando el sol se acostaba y la luna salía a saludar, se asomaban todos a la ventana. Las luciérnagas iluminaban todos los huecos de los árboles, los nidos y las ramas. Así los animalitos podían ver a sus vecinos, y contarse lo que habían hecho durante el día. Luego todos juntos cantaban dulces canciones para alegrar el sueño de Madre Naturaleza.


No sabían realmente cuánto tiempo iba a durar ese “otro ratito” que Madre Naturaleza necesitaría. Pero lo que sí sabían era que en casa estarían juntos, disfrutando y aprendiendo, y cuando por fin Madre Naturaleza despertara y pudieran salir de casa, disfrutarían el exterior y los reencuentros más que de lo que nunca lo habían hecho.

Sunday, March 15, 2020

Consejos para el encierro


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Ahora que tenemos que estar retirados en casa durante algunos días, podemos estar sintiendo angustia, ansiedad, rabia, tristeza, estrés. Pero no podemos negar que esta situación excepcional nos ofrece una oportunidad de oro para cambiar de ritmo, parar un poco, descansar, hacer cosas que la vida que llevamos no nos permite hacer, estar en familia (si vivimos con ella), mirar hacia adentro, estar con nosotros mismos…¡Claro que eso es justamente lo que puede parecernos más angustiante! Pero asumámoslo como un reto de superhéroes. Somos más fuertes de lo que creemos y seguro que, si nos damos la oportunidad, podemos descubrir cosas maravillosas.


Tanto si vivimos con niños como si no, hay algunas ideas que pueden servirnos en general: 


ü  Crea un ritmo relajado para transitar el día, no una rutina mecánica, que esa ya la tenemos todos los días, sino una frecuencia en la que podamos fluir a lo largo de la semana y que nos dé un poco de estructura. Eso hará que no se vuelva eterno y que cada momento cobre sentido.


ü  Date un momento de silencio: oración, meditación, respiración, lo que más te guste. Y llenarnos del mejor sentimiento que encuentres por ahí dentro: paz, agradecimiento, amor, alegría. SI te cuesta encontrarlos, recuerda algún momento feliz de tu vida y sencillamente deja que ese sentimiento te llene y se expanda.


ü  Un tiempo para tu cuerpo, un poco de mimo y un poco de movimiento: estiramientos, yoga,  una rutina de ejercicios, un poco de baile, una mascarilla limpiadora, un automasaje…


ü  Un ratito a nuestra mente: Teletrabajo, si lo tienes, o si no leer, resolver acertijos, hacer crucigramas.

ü  Un espacio para la creatividad y el sentimiento: dibuja, pinta, escribe, toca un instrumento, si lo tienes; asómate al balcón a cantar. Las cosas con música se llevan mejor.


ü  Aprovecha para hacer limpieza y ordenar el hogar ¡momento Mery Kondo!


ü  Date un gusto al día, pero evita comer compulsivamente.


ü  Manténte informadx y en contacto con los tuyos. Hoy en día eso es muy fácil gracias a internet y las redes sociales, ¡pero no huyas! Aprovecha para desintoxicarte un poco también de pantallas. Tus ojos y tu mente te lo agradecerán. Elige lo que ves, lo que lees y lo que compartes.



¿Y si vivimos con niños?

¡Pues más de lo mismo! Pero adaptado a su momento vital. Ellos necesitan moverse más que nosotros y, sobretodo, necesitan NUESTRO equilibro, para poder estar bien. Así que lo primero es:

Procura estar tranaquilx, flexibilízate y procura disfrutar. Recuerda que es una situación de excepción y que pronto pasará.


¿Cómo hacemos un ritmo llevadero para los niños en casa?
Alternando momentos de expansión y movimiento, con momentos de más concentración y calma: creamos un ritmo “respiratorio” de expansión-concentración. Por loco que parezca, así además reforzamos su sistema respiratorio que se basa justamente en esa alternacia. Así que un ratito de movimiento y juego, puede seguirse de otro ratito de pintar, armar puzles, leer o contar cuentos según su edad.


Dar en la imaginación lo que no podemos dar en la realidad
Como no podemos salir al parque, quizá alguna parte de la casa puede convertirse en parque durante un rato. ¿No tenemos sábanas, sillas, almohadas, mesitas? ¡Pues son fantásticas para hacer casitas y construcciones! Dales un espacio para crearlas y estate atentx para coordinar la recogida ANTES de que estén demasiado cansados. Una regla de oro que aprendí de Sandra Chandía: si el juego se vuelve demasiado expansivo (la casa entera como campo de batalla, por ejemplo) tenemos un problema. Por lo tanto: se puede usar la cantidad de juguetes (considerando que un juguete es todo aquello con lo que se juega) que el adulto pueda recoger con alegría. Porque, dependiendo de la edad de los niños, el adulto tendrá que hacerse cargo (coordinar, al menos) que luego todo vuelva a su sitio.


Mantener los patrones de sueño
Un niño cansado es un niño con poca resistencia a la frustración, sensible y malhumorado. Si habitualmente tiene una rutina que no le permite dormir todas las horas que necesita (entre 10 y 12 horas al día hasta los 7 años aprox.) esta es una magnífica oportunidad para dejarle dormir todas las horas que necesita. Observa y organiza el día en función de sus horas de sueño, ya que las duerma todas juntas por la noche, o que necesite una siesta a mitad del día.


Involúcralos en las tareas de casa
A los niños (sobre todo a los más pequeños) suele gustarles mucho participar en las tareas de casa. Dales un trapo y una tarea y estarán un buen rato ocupados y encantados.


Hagan cosas juntos
Manualidades, cocinar, hacer ejercicio, bailar, jugar juegos de mesa.


Evita lo más que puedas la sobreexposición a pantallas
¡Aunque es muy tentandor! Cuando un niño se sienta frente a una pantalla se sobre estimula su cerebro (y sus emociones) pero su cuerpo va reprimiendo la necesidad natural de movimiento, por lo tanto una vez que se desengancha, está muy cansado y desgastado mentalmente, pero su cuerpo va a intentar recuperar todo el rato que lleva inmóvil: muy mala combinación, cuerpo acelerado y mente exhausta.


Ya han circulado por las redes muchas ideas y recursos con ideas para pasar largas horas en casa con niños. Recomiendo especialmente a dos educadoras a quienes admiro muchísimo: Tamara Chubarovsky, que estará publicando cosas en su cuenta de Facebook. Y Sandra Chandía, a quien encontrarán en Instragram.


Y por último, para los niños que ya están en edad de primaria, podemos aprovechar para revisar algunos contenidos que están viendo en clase desde una perspectiva lúdica o artística, esto les permitirá relacionarse desde un lugar muy diferente con los contenidos y DISFRUTARLOS, ENCONTRAR SU BELLEZA y su VINCULARSE CON ELLOS.

Pueden encontrar buenísimas ideas para hacerlo en la página de Facebook y el blog de Alén de Ningures, que son especialistas en llevarnos a descubrir la magia de las matemáticas:



También tiene muy buenas ideas este blog: https://www.demicasaalmundo.com/blog/



¡Ánimo! Vamos a hacer de este tiempo de retiro, un tiempo de encuentro con nosotros mismos y con lo mejor que tenemos. En los momentos más oscuros podemos recibir los más luminosos regalos.

Ilustración de Jennifer Sherman

Sunday, May 05, 2019

En la orillita (a punto de Ramadán)

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Vuelvo a estar de pie, observando las aguas a las que estoy a punto de saltar. Me apetece, lo necesito, pero aún así queda una poca de resistencia dentro de mí: sé que la inmersión no es del todo agradable, que requiere tener la disposición adecuada, el estado de mente y de cuerpo, para no padecerla. Sé que habrá momentos muy felices y otros que no me gustarán nada de nada, pero que aún así me harán bien. La laguna se llama "Ramadán" y voy a bucear durante 30 días en sus profundas aguas que me llevarán, en realidad, a mis propias profundidades.

Ahora sí puedo contestar, un año más tarde, a esa pregunta que me hicieron los niños que acompaño: "¡¿Y por qué lo haces?!"

¿Quién elegiría por gusto un mes de ayuno? ¿Qué hay a cambio? Pues a cambio hay 30 días de silencio, como cuando estás debajo del agua. Mi cabeza deja de parlotear constantemente y se centra en resolver lo indispensable. Tampoco escucho ya las cosas que suceden a mi alrededor y no me incumben, me ocupo de mis asuntos y eso también trae mucha paz.

Mis emociones aparecen como en un espejo, puedo verlas venir, las reconozco. Con un poco de suerte logro verlas antes de que se apoderen de la situación y puedo decirles: "ahora no, cariño". Hay una distancia con lo que sucede, no estoy inmersa en las circunstancias, estoy inmersa en mí. Y eso me da sensación de libertad.

Me obliga a cuidar mi cuerpo. En circunstancias normales lo llevo a todo vapor, como una máquina. Pero en Ramadán me doy cuenta de que es mi vehículo, y si no lo cuido no puedo seguir el viaje. Así que le doy prioridad a cuidarme, a descansar cuando lo necesito, a comer lo que necesito. Recupero la capacidad de conectarme con mi cuerpo físico y mis energías vitales y escuchar con claridad la respuesta cuando le pregunto: ¿qué necesitas? Y poder darme lo que necesito me llena de amor.

Cada día me propongo ayunar desde antes del amanecer hasta el ocaso,  y cada día hay una voz dentro de mí que dice: "No vas a poder." Y otra que le contesta: "Pero lo voy a intentar". Cuando el sol se pone y veo las horas que llevo sin comer ni beber, cuidando de mis hijas, llevando a cabo mis tareas, invariablemente mi sensación es de un gran triunfo: "Sí pude, yo puedo, yo puedo hacer todo lo que proponga". Y eso me llena de fuerza. Y también siento que hay algo más grande que yo que me sostiene cuando me propongo algo que es bueno y verdadero. Eso me llena de confianza.

Mientras ayuno, pienso en la suerte que tengo de saber que al final del día, con toda seguridad voy a poder comer y beber. Y eso me llena de agradecimiento. Paladeo los sabores reales de las cosas, esos que ya casi no notaba, la dulzura de una hoja de lechuga, el despliegue de tonalidades de una alcachofa, y eso me llena de asombro y de placer.

También pienso en los millones de personas que están ayunando al mismo tiempo que yo lo hago, con la misma intención de acercarse a lo divino, de renovarse en cuerpo y alma, de solidarizarse, de reconectarse y me siento en conexión con esas personas y con esa intención y esa voluntad, tan tremendamente humana.

Cuando ayuno, pienso en las personas que no dejan de comer y beber por libre elección, sino porque su situación material se lo impone. Donde hay extensas comunidades de personas ayunando, cuidan unos de otros, la comunidad entera se vuelca a proveer y acompañar a los que no tienen. Yo pongo la intención de compartir algo de lo que tengo con quien lo necesite. Ahora mismo vivo en un entorno privilegiado, pero aún así, siempre hay alguien con hambre y sed, si no de pan y agua, de atención, de cariño, de cuidados, de alegría, de escucha. Al final del mes, como parte de las prácticas de ramadán, damos una parte de nuestras provisión material a alguna persona que esté en situación menos afortunada. Y poder compartir siempre da mucha alegría.

Con el ayuno, la atención vuelve hacia adentro y ahí puedo encontrarme conmigo misma, descubrir cosas que antes nos había podido ver aunque hubieran estado siempre ahí, o ver nacer cosas nuevas, comprender mi sombra, abrazar mi luz, y vincularme con esa Luz que fluye hasta mí constantemente.

Así que, como ven, esta laguna llamada Ramadán esconde muchos tesoros. No es un viaje cómodo, pero vale la pena dejarse llevar por sus aguas, fluir en sus bendiciones, recargarse de paz, libertad, amor, fuerza, confianza, agradecimiento, asombro, placer, fraternidad, alegría, conexión, luz.

Feliz Ramadán para tod@s y que sus bendiciones se extiendan por el mundo, insha'Allah.


En la imagen: Kaan Luum, Quintana Roo, con un guiño especial a los amigos que nos llevaron a descubrirlo.