Se acabó el curso de Sabores del Mundo en la Biblio de Azuqueca y creo que salió bien aunque me costó el doble que el año pasado. Será por la edad de Hali, porque no tenía a Dianita para ayudarme porque se fugó a Colombia o porque esta vez no había más invitado que yo, la cosa es que tuve que esforzarme bastante más y no estoy muy segura de que saliera mejor. En fin, la gente estuvo contenta y creo que por lo menos fue un tiempo bien invertido de las dos partes.
En lugar de tener a vecinos invitados decidí contar cuentos populares de los países citados para empaparnos más de su cultura y sabor particular. No creo que los textos puedan sustituir a las personas, pero sí creo que un buen texto puede abrirnos la puerta para conocer a más de una persona, a un alma, o incluso a un "alma nacional" si eso existe. En lugar de invitar a algún vecino de China, el día dedicado a Asia invité a Kipling, el del Libro de la Selva. En vez de traer a un vecino rumano traje a Baba Yaga, la famosa bruja come-niños, en lugar de perseguir a algún vecino africano traje a un cocodrilo tramposo. Como no hay maoríes en Azuqueca conté la historia sobre el origen del koala y así.
Esta tarde, mientas me comía una sincronizada con queso emental y mortadela halal me puse a hojear el recetario de mi abuela Ma. Aurora. Y no pude evitar llorar, porque me di cuenta de que aunque su maravilloso comedor ya no exista, su cocinita de los 50's se haya evaporado, y ella ya no esté en su cocina dando instrucciones y mezclando cosas para alimentar y apapachar a su numerosa familia, ella y todo eso que fue ella, sigue en sus recetas y en su recetario. Esa mezcla maravillosa de sabores, esas referencias del modo de hacer de una amiga o familiar, esos ingredientes de aquí y de allá, esas marcas que sustituyen el nombre de las cosas para mí son su marca inconfundible. Y a lo mejor me paso de "lingüista" pero hasta los verbos que usa me dejan ver cómo exactamente preparaba la comida. Y recuerdo ese comedor en sombras, y los platos desfilando desde la cocina, los servilleteros redonditos con el anagrama del abuelo, la manita temblorosa de los últimos años de mi abuela, su sentido del humor...
Si yo la extraño y extraño su casa y el sabor de su comida y olor de su casa no quiero imaginarme lo que tienen que extrañarla sus hijos y lo que tiene que haber costado desmontar ese palacio de recuerdos, ese oasis en mitad de la Ciudad de México para pasar otra página y abrir un nuevo tiempo.
Muchas de mis querencias están amarradas a la comida, a sabores y olores, si no es que todas. Creo que eso me viene del otro lado de la familia. Para mí Monterrey es sus granielotes y su Pollo Loco y su carne asada, México es sus chiles en nogada, Cuba es su arroz congrí, Colombia es su "panzaparriba" y su arroz con pollo, Francia es sus quesos, Libia es su sharmula. Y en todos esos sabores hay implicadas personas que amo y momentos que amo e imágenes, vivencias que son parte de mí. Un amigo es un café en el Vips, otra amiga son las hamburguesas del Santa Lucía, Hawaiianas pero sin carne; una amiga más los taquitos de la esquina, a media noche. Un compañero de batalla los burritos del Café brasil. Mi papá es (entre otras cosas) las enchiladas potosinas de Gonzalitos, mi mearrastris el delicioso pastel de merengue de año nuevo, mi tía Yvonne sopa de ostiones, mi tío Ricardo cayos de hacha, mi papá también y mi hermana coctel de camarones en ese taller automotriz que estaba cerquita de Venustiano Carranza. Mi mamá tacos de papas fritas con tortilla de maíz y crema a media tarde. Mi tía Chela junto con mi tío y mis primas tostadas saturadas como montañas y chiles con salsa de soya y limón (agua la boca). Las niñas y Marisol ¡sushi! Mi hermana arroz con ketchup. Angélica croquetas de arroz. Magali pastel de cumpleaños y empanada de verduras. Gerardo ¡estofado! Y así ad infinitum.
Extraño eso de tener ligado el corazón con las tripas. O quizá eso sea lo normal, y mi gusto por la cocina sea únicamente una manera más de danzar entre los dos.
1 comment:
Lo de las peripecias de quitar casa luego te las platico con calma. Pero ¿qué te extraña que el corazón esté conectado con la panza? Eso de que al corazón del hombre se le llega por el estómago es sólo una alguna limitación feminista ¿o machista? La receta es universal.
Gracias a Dios tenemos los genes de un metabolismo muy efectivo que nos permite comer y disfrutar casi cualquier cosa, aunque a veces tengamos que vencer la angustia de la toma de decisiones, como ocurre en los bufetes restauranteros.
Lo mismo una sofisticada receta francesa que unos tacos de mixiotes, una ensalada César o de nopalitos, unas crépes suzette flameadas o un ate con queso. Y no sigo porque ya me está dando hambre.
¡Bon apetit!
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