Friday, August 28, 2009

Qué es eso de Ramadán

Ayer escribí un largo largo post que luego se borró antes de publicarlo, grrrrrr. Así que hoy lo vuelvo a intentar más brevemente. Lo poquito que puedo contar proviene de mi curiosidad y de mi corta, cortísima experiencia, pero como ha resultado tan mágico para mí creo que merece ser compartido.

Ramadán es uno de los meses sagrados del Islam, que se caracteriza por que no se come ni se bebe entre la salida y la puesta del sol. Están excentos niños, ancianos, enfermos, mujeres embarazadas y dando el pecho. Claro que además de esta conocida práctica hay un Ramdán de prácticas espirituales redobladas y de abstinencias que casi son más importantes que la comida: enfados, críticas destructivas y actitudes poco amorosas en general. Ahí es donde pone difícil la cosa.

La pregunta del millón suele ser: ¿y por qué no se come? Hurgando por aquí y por allá yo he encontrado tres razones que me parecen más que meritorias:

1. La solidaridad con aquellos para quienes comer y beber no es una opción. Con nuestro ayuno voluntario acompañamos a quienes día a día se ven sometidos a un ayuno involuntario. Así, Ramadán se convierte en un mes de compasión y agradecimiento: nos hacemos conscientes de la situación en la viven los más pobres y nos llenamos de agradecimiento de tener qué llevarnos a la boca una vez que se pone el sol. Ante esta luz todo se revalora.

2. Tenemos un cuerpo físico y un cuerpo de luz. Durante las horas de luz dejamos que nuestro cuerpo de luz se alimente y le damos la preeminencia sobre el cuerpo físico ya que el resto del año lo tenemos prácticamente olvidado.

3. Nos conocemos a nosotros mismos (conócete a ti mismo y conocerás a tu Señor). Estar sin comer ni beber unas horas nos pone en estado de atención, nos obliga a observar nuestras reacciones, nuestras debilidades y nuestras fuerzas. El resultado final es verdaderamente asombroso.

El único mes de Ramadán que he podido ayunar ha sido sencillamente maravilloso. Lo empecé con reticencia pensando que no aguantaría, que iba a estar todo el día "mounstrificada" de hambre, que ni de chiste iba a aguantar las 12 horas que aquel otoño tocaban sin gota de agua. Pero la verdad es que fue todo lo contrario. Por la mañana me levantaba antes de que saliera el sol y me llenaba de provisiones, hacía la oración del amanecer (que verdaderamente sentía que me alimentaría durante todo el día) y regresaba a la cama. Luego pasaba todo el día bien, sin necesidad de dejar mis actividades, sólo con la cabeza un poco más lenta que de costumbre (¡libre de la pensadera, bendición!). Si sentía la boca muy seca me enjuagaba un poquito y listo. Así hasta la puesta del sol que rompíamos ayuno con agua y dátiles, y luego una deliciosa, y quiero decir DELICIOSA cena. Luego la oración especial de Ramadán se convertía en mi amuleto para lograr levantarme de madrugada a comer y beber.

Una de las cosas más alucinantes del ayuno es que recuperas el gusto: la comida SABE, pruebas una vil hojita de lechuga y notas absolutamente TOOOOOOOODOS sus matices saboríferos. Y eso para una glotona como yo es una gran gran gran experiencia. La segunda cosa que me impactó fue que, cada noche, al romper ayuno, sentía una inmensa satisfacción de mi misma y de mi extraordinario logro. Resultado: cada noche me sentía más chingona, tenía más confianza en mí misma y hasta me quería más. Una práctica verdaderamente "empoderadora". Claro que también hay cosas no tan fáciles: el cuerpo, por lo menos el mío, se pone muy sensible (para bien y para mal), las emociones están a flor de piel y la cabeza tarda un poquillo en reaccionar. Con los días me di cuenta de qué cosas o situaciones me sacaban de quicio y aprendí a observar el enfado y controlarlo. Fue un gran gran gran aprendizaje entre muchos otros.

Este Ramadán, como hace ya unos cuantos años, no puedo ayunar y, con toda honestidad, me gustaría. Hay una magia especial en ello. Una sensación de conexión y de fraternidad cuando piensas que compartes tu ayuno con millones de personas en todo el mundo.

Aquellas personas curiosas, exploradoras de sí mismas, experimentadoras de la vida pueden animarse a hacer un sólo día de Ramadán. Seguro que descubrirán muchísmo en esa vivencia.

1 comment:

Montserrat said...

Marianita Nashma!

He aprendido demasiado desde aquel lejano 2006 en que empecé a leerte. Gracias por cada post y por cada palabra. Más allá de la cultura, las lecciones de tolerancia, amor y comprensión que nos regalas a través del blog, son INVALUABLES!

Te quiero!
M.-