Cambio el cuaderno de notas y la libreta con dibujitos por la página electrónica. Experiencia, experimento, experimiento. La libreta de mis sueños la seguiré guardando en mi cajón, pero aquí trazaré (trataré) la crónica de mis ensueños.
Friday, July 13, 2012
Sirena tunecina
Con la suerte que el tío Alí nos invitó a su casita en la playa. Tienen una "villa" en una urbanización a las afueras de Benghazi. Me contó que es un lugar muy familiar y exclusivo y sólo te puedes comprar un terrenito ahí si tienes enchufe. A mí el lugar me recordó a la colonia Mas Palomas de Monterrey, a la llegada hay montañitas de escombro y a medida que entras a la urbanización viviendas grandes y chicas, terminadas, en obra gris, recién empezadas, todas con cara de "mi dueño me está haciendo con gran cariño y esfuerzo", con sus rejas en las ventanas y su tinaco-depósito de agua asegurado por unos blocs en el techo o en la misma entrada de la casa.
Al final de unas cinco manzanas se extiende el precioso mar, que en esta época tiene los colores de Ibiza. Sombrillas, arenita feliz, jaimitas unifamiliares (súper pro), casitas súper ingeniosas armadas con sombrillas y sábanas. Los señores en barmudas y camiseta, las señoras en djilaba (vestido largo de mangas largas también) y pañuelo. Algunas más modernas con pants o bermudas largas y camisetas, gorras o sombrero. Y UN CHINGO DE CALOR. Los niños y las niñas como en mi tierra: unos con traje de baño, la mayoría con shorts y camisetas.
Yo me presenté con mi pantalón de pijama (uy qué cómodo) y me camiseta negra de surf. Y me metí. Aunque el "burkini affair" había causado muchas risas y angustias entre mis amigas encueratrices de España entre las cuales el bikini es de lo más normal, no me resultó nada especial meterme de esta guisa al mar. Muy cómodo. Lo único malo es que el algodón o se seca tan pronto como la tela de bañador y cuando sales te ves más sugerente que la misma Bo Derek emergiendo de entre las olas. ¿Y qué? La verdad que no noté ninguna mirada incómoda, más bien miradas sonrientes de niñas y jovencitas y un poco curiosas de alguna matrona.
Esta mañana estábamos en el mar a las siete de la mañana, yo con mi pijama tunesina porque no pensaba nadar y mi nuevo libro de cocina turca (YES) para pasar el rato. La playa estaba echa una pena, todo lo que ayer se había comido y bebido estaba mezclado con la arenita preciosa. Bolsas de plástico, vasos, bandejas de foam, paquetes vacíos, botellas de agua, latas de refrescos. Daban ganas de llorar. Mi marido y yo cogimos un par de bolsas y limpiamos el cuadrito donde purimos el campamento. Pero no podíamos dejar de mirar. Nos compraremos un rastrillo y limpiaremos un cacho de playa ahí donde vayamos, a ver si a la gente le da vergüenza que ésta extranjera venga a limpiarles las babas.Claramente hay que hacer una campaña de conciencia social y una buena inversión en infraestructura: bolsas de basura y servicio de recogida.
De todas maneras yo me sentía en el paraíso con las niñas jugando felices con sus primos y su progenitor y yo estirada en mi alfombra mágica imaginando nuevas posibilidades culinarias. Entonces apareció una familia a nuestra izquierda: dos mujeres jóvenes, un hombre joven, un bebito y una abuela. La abuela con un camisón oscurito de flores abajo de la rodilla y manga corta, el cabello recogido con un pañuelo bien atado en la nuca.
Cuando pusieron su sombrilla las dos jóvenes ayudaron a la abuela a entrar al mar. ¡Qué bonito! Las tres jugaban, se reían, se tiraban agua las unas a las otras. Aquellos aparentes cuervos enfundados en sus djilabas negras derrochaban auténtico cariño y alegría. Se me ocurrió pensar que la desnudez fue por mucho tiempo (¿es todavía en según qué contexto?) señal de salvajismo. En Europa, al contrario, es señal de "modernidad" y "evolución". Aquí, por lo visto, el cuerpo sigue siendo un asunto íntimo y familiar. ¿Qué es, entonces, lo "natural"?
Mucho me conmovió esa abuela jugando con el agua y la arena, disfrutando con su familia. Hasta lagrimitas me sacó. A eso de las diez de la mañana el calor apretaba tanto que también me metí al agua. Me lo pasé bomba jugando con mi sobrinas, cantando canciones acuáticas con mis hijas y refrescándome con todo y mis piyamas.
Un día feliz ciertamente. AlhamduliLah.
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