Así se dice en México cuando algo se termina, un cuento, una canción. Ayer por fin entregamos la casa después de algo así como mes y medio de mudanza. Nos sentimos un poquito nostálgicos, pero llenos llenísimos de cariño y agrdecimiento. Y también un poco liberados del proceso, a ratos tan duro, de desprenderse de lo que uno conoce y quiere.
Ahora mismo me siento como si empezaran unas largas vacaciones. No sé cuánto vayan a durar, pero no pienso dar lugar al desánimo, a la añoranza, a la tristeza, por lo menos no todavía. No siento vacío de las personas que dejo aquí, especialmente porque me las llevo en el alma, ya son parte de mí. Y si empieza a abrirse un hueco lo rellenamos con cariño de un lado y del otro, y en el centro de ese cariño siempre podremos encontrarnos.
Mañana tomamos el avión a Estambul. ¡Una tarde de paseo, kebabs, calles mágicas, la llamada a la oración llenando el cielo, el atardecer el Bósforo! ¡Masha'Allah, qué regalo! Y el sábado a primera hora a Benghazi.
Recen por nosotros, para que el viaje sea fácil. Nosotros rezaremos también por ustedes, ya se sabe que la oración del viajero siempre es aceptada. Finalmente, nos movamos o no en el espacio, todos estamos de viaje. Deseo de corazón que el viaje de todas y cada una de las personas que me han rodeado durante estos diez años en España sea placentero, nutritivo, enriquecedor, bendito y con buena guía.
¡Tan-tan!
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