Mis últimos días en Benghazi los pase casi enteros en cama. Ahora, ya en España, escribo desde un iPad prestado que me corrige automáticamente la ortografía porque que no tengo idea de donde están los acentos. Tampoco puedo escribir en inglés, como quisiera, para que pudieran leerme mis hermanas libias, pero ya pondremos internet en nuestra computita y vendrá la revancha.
Seis días con Fátima enferma y la mudanza acabaron conmigo. Mientras yo me acurrucaba bajo mis mantas, escuchaba el trasiego del Habibi bajando las últimas cosas de guardar al armario gigante de mi suegra, limpiando, lidiando con las niñas...me levanté para lo esencial, pude irme a despedir de mi querida J y logre estar en pie y aguantar las doce horas de viaje Benghazi-Túnez-Madrid-Cercedilla.
Ahora me siento agotada, pero infinitamente más segura que en Libia. No porque tema ninguna contingencia bélica, honestamente siento grandes esperanzas de que toda la fuerza y emociones que están generando estos dos años de revolución se conviertan en potencia para acelerar los cambios necesarios, en ilusión y energía que alimente un nuevo movimiento de cariño entre las personas y de ganas de poner las cosas en el sitio en el que deben estar. Mi sensación de seguridad obedece a algo mucho más sencillo. En este país puedo resolver por mi misma casi cualquier asunto, emergencia, trámite o antojo. El tráfico no nos come, la basura no nos acongoja, se lo que voy a encontrar en cada supermercado y en cada tienda. España y yo somos viejas amigas y nos entendemos bien.
Hay muchas cosas, sin embargo, que extraño de Libya. A mis hermanas, las Ben Hmeid y la malaya, primero que nada, a mi suegra, a mis sobrinos...extraño el athan volando por el cielo, el mar, la música de la lengua árabe, las visitas inesperadas, la comida, el edificio familiar, los dátiles. Extraño mis postres porque aquí todavía no tengo horno.
Estoy disfrutando mucho, eso si, la suavidad de España, mi tierra adoptiva. Nos ha recibido la nieve, además del calor de nuestra familia espiritual y nuestros amigos y amigas del alma. Estamos disfrutando con muchos sabores que añorábamos, con toda la calidez de la gente que nos rodea, nos mima, nos protege, y también estamos disfrutando como enanas de la nieve. Anoche nuevo sin parar y esta mañana no pudimos ni sacar el coche, así que me fui a dar un paseo con mis hijas, intentamos hacer un muñeco de nieve, se tiraron al suelo ha hacer ángeles.
Al final, como era de esperarse, el Habibi ha caído enfermo. Yo intento que el agotamiento no me traicione, me suele transformar en mama monstruo, y aprovechar este retiro invernal para inventar momentos entrañables con mis niñas: ver revistas, contar cuentos, cantar, jugar, pintar, sentarnos frente a la chimenea. No se sí haber perdido la espontaneidad y la creatividad necesarias para pasar ratos felices con mis hijas, últimamente me siento tan cansada, tan estresada, que huyo de ellas más que acercarme para darle el apoyo que estas transiciones merecen. Me gustaría que sintieran que, pase lo que pasen, tienen a su mamita, pero si no soy dueña de mi misma ¿cómo?
El proceso digestivo esta intenso, porque Libia es toda intensa. Hemos vivido momentos preciosos y otros dignos de dejar atrás. Y aunque la experiencia ha sido en suma un regalazo que la Vida nos dio y el balance claramente positivo, quedan muchas cosas por colocar para poder sacarles el máximo provecho ya las vivimos.
Gracias a Dios estamos juntos y estamos bien. Ahora nos quedan por delante unas semanas de reencuentros, de trámites, de abrazos, de comida rica, de ajustes, y también de mucha añoranza. Libia se ha quedado bien metida en nuestro corazón, y rezamos porque las cosas allí vayan fluyendo hacia el Bien, hacia la Vida, hacia la Alegría. Que Dios proteja a nuestra familia Libia y permita en que en todo el norte de África se instaure de una buena vez La Paz.
Y siento la escritura rara, no se cómo corregir este texto ipadico. Y las fotos de la blancura invernal se las debo pala próx.
4 comments:
Hermanita, te deseo con mi corazón que encuentres la energía y las ganas para todo lo que tienes que hacer, como ser madre, que PUCHA no es tarea pequeña, sino monumental. Es como esta cosa de empezar a ser madre justo después de parir, es una de esas paradojas de la naturaleza. O sea, estás pariendo una nueva vida, con la friega que eso implica, pero además esta vida está urgida de que la alimentes la arrulles la procures de Pe a Pa. Tú puedes Kermit, tú puedes! Pide ayuda, acepta ayuda, descansa, apapáchate cuando tengas oporunidad (y si no la encuentras, créala!). TE AMO HERMANITA y estoy contigo.
ufff de saberos por aqui siento relax en el corazón...No te exijas demasiado, y eso pide ayuda y dejate ayudar. Escuchate...(que facil es dar cosejos...)la calma llega tras el temporal aunque ahora mismo parezca imposible y lejano...
Como dicen los otros commentarios uf, que felicidad saber que estan bien!! recuerda que te amamos de locura!! Besos primaza
Gracias hermosas! Y estamos en mantenimiento: dentista, osteoooópata, médico ayurvedico, descanso, paseos, calor de amigos, comida sana, ahí vamos poco a poco. Muchos besitos con mucho mucho amor!
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