1. De cómo Cabrera Infante me arruinó el verano.
Trato de retomar el hilo después de siglos sin escribir. Creo que recordar que el verano estuvo marcado por la amargura y desolación. Parte del problema fue la circuntanstancia veraniega, pero el desencadenante anímico fue, sin lugar a dudas, Cabrera Infante.
Con ganas de seguir en la frecuencia caribeña en la que Zarité (Isabel Allende) me había dejado, encargué al Círculo de Lectores La Ninfa Inconstante. Recuerdo Tres Tristes Tigres como una de las novelas que mejor saber me han dejado, tan absolutamente cubana, tan musical, tan callejera, tan "idiosincrática". Pero La Ninfa, en vez de recordarme mis paseos por la Habana, me recordó esa época en la que yo era inteligente, o dejémoslo en intelectual. Esa época en la que disfrutaba con ingeniosidades lingüísticas, en la que tenía amigos llenos de citas librescas, en la que yo misma podía medirme casi con cualquiera en acervo y acidez. Era el tiempo en que el cine Buñuel pasaba películas que ningún otro cine ponía en Monterrey, y yo entraba con mi carnet de estudiante pagando la mitad de nada, compraba mis palomitas y tenía toda la sala para mí solita. Era el tiempo de tener muchos amigos y admiradores, y de tirar babas por algún pintor, o baterista, o escritor, o sociólogo, o lo que fuera. De escribir a todas horas, de devorar libros, de tomar cafés y disfrutar de conversaciones inteligentes...
Y resulta que me costó trabajo seguir el ritmo del libro, que tanta cita y tanto jugo lingüístico me empalagaron, que tanto romance a lo tonto me resultó futil y que terminé de leer por pura disciplina. No me gustó. Me dejó amargor en la boca. Yo es que no sé separar la vida de la literatura, y nunca lo sabré.
2. Y de cómo Salman Rushdie me salvó la vida
En el colmo de la deseperación se me ocurre refugiarme en la biblioteca, que siempre visito para mis hijas pero nunca para mí. Y me atreví, a pesar de los Ayatolas, a sacar un libro de Rushdie: La Encantadora de Venecia. Y lo hice únicamente porque me di cuenta de que contaba la historia de Jodhaa Akbar. Bueno, tangencialmente habla de Jodhaa Akbar y mucho de Yalaludin Muhammad Akbar, un gran emperador musulmán que unificó un montón de señoríos en el muy antiguo Indostán. ¿Y porqué me interesa a mí esa historia? ¡PORQUE ES MI PELÍCULA FAVORITA DE BOLIWOOD! Oh sí, yo soy una gran gran admiradora de las películas de Boliwood, aunque todavía no he tenido oportunidad de zambullirme en esa pasión.
De todas maneras, en esa película está la mujer más hermosa del mundo y el actor de cine más hermoso del mundo. Es una historia épica, llena de belleza y con un trasfondo espiritual que a mi me pareció delicioso. Si quieren echar un ojo, la página oficial de la peli es www.jodhaakbar.com
TOTAL, que La Encantadora de Venecia fue exactamente lo que yo necesitaba para reconectar con la belleza, con la magia, con el misterio. Rushdie escribe igual para niños que para adultos, y eso me gustó. Es un mago para crear atmósferas, parece un tejedor de alfombras persas más que un escritor: colorea, pone los detalles justos y dibuja incluso algún fallo porque sólo Allah es perfecto. El libro me pareció maravilloso en toda la extensión de la palabra. Sus personajes tienen alma. El héroe es un viajero que tiene que contar una historia, su historia. Y su historia es de trascendencia universal. Jodhaa es una reina imaginaria. Yalaludin Akbar es un rey que se pregunta quién es. ¡Encantador! Me reconcilió conmigo misma y con la vida en general. Me supo a curry, a las berenjenas con miel de Afi nuestra amiga persa, a la sopa de Chipre. Me remitió a mis propias manos teñidas con henna. Me puso en mi sitio, AlhamduliLah.
3. Y por fin llegó el otoño
Con un cargamento de libros de la Editoria Rudolf Steiner. Como extraño mucho la escuelita de Cristina decidí que esas cosas que me faltaban las tendría que incorporar por mí misma a nuestra vida cotidiana. Encargué un montón de libros sobre el juego infantil, cuentos, juguetes hechos por los padres, etc. Llegaron unas cosas preciosas, llenas de ideas para hacer proyectos creativos a la medida de Hali. Y también me ayudo mucho hablar con mi amiga Anne que se ha metido de lleno al mundo Waldorf (aunque en realidad ya estaba bastante más metida que yo).
Lo primero que decidí es pasar todo el tiempo que pueda cerca de la naturaleza con las niñas (de perdis en el parque). Los antroposofos lo dicen pero no hay más que observar para comprobarlo: cuando los niños están al aire libre están BIEN. Hace unos días pasamos una tarde deliciosa en una casita de pueblo con un jardín de pueblo (leña, trastos, árboles frutales, agua, piedritas, etc). Halima estuvo el día entero atareada, descubriendo, disfrutando. Y yo tranquiiiiiilaaaaaaaaaa. Así que ahora estamos disfrutando unos días soleados de otoño pasados por hierba, tierra, palitos, etc.
Lo segundo que decidí fue quitar juguetes. Algunos se van para siempre, otros se quedan guardados para ir rotando y otros los tengo yo para sacar en momentos especiales. Me gusta esa idea de que lo que más permite desarrollar la creatividad es lo que menos "terminado" está: una muñeca de tela, troncos y piedras para hacer construcciones, telas para hacer casitas, disfraces... Así que me he propuesto ofrecerles a las pitufas una gama más amplia de sensaciones y experiencias (peso, equilibrio, tacto, olor, etc) quitando cositas de plástico y poniendo cestas, piñas, cositos de madera y cosas por el estilo para jugar.
Lo tercero ha sido poner una casita en la habitación. ¡Es genial! Halima se entretiene un montón en su casita y hasta a mí me dan ganas de sentarme ahí con ellas a tomar el té. De pronto coge una cestita y ya es la cuna del osito. El fin de semana pasado que estábamos todas malas pusimos ahí dentro el DVD, hicimos palomitas y fue una sesión de cine totalmente mágica.
Porque esa es la cuarta decisión: se acabó la tele. O sea, no se acabó se acabó, pero sí se acabó el ratito de tele mañanero (que empezó porque Hali madrugaba mucho y yo no lograba espabilarme), se acabó el ratito de tele siestero (que empezó porque yo necesitaba desesperadamente descansar un ratito y Hali no duerme siesta) y dejaremos la tele para el fin de semana. En vez de ver la tele en la mañana jugamos (o juegan) un ratito en la casita, y en vez de ver la tele a medio día buscaremos una actividad feliz y tranquila para compartir: salir a buscar tesoros al parque, hacer pan o galletas, ver revistas y en realidad lo que más más me gustaría es hacer alguno de los proyectos creativos del libro: caballitos de fieltro, una mochila para llevar las muñecas, trabajar con lanita de colores (chicas: ¡me tienen que enseñar!). Esta semana logramos 2 días enteritos sin tele, no parece nada pero para mí es todo un triunfo dejar de depender de la niñera electrónica.
Y cinco: ¡por fin tenemos mesita de estación! Los Waldorf dicen que es importante seguir los ritmos de la naturaleza, desde nuestra propia respiración hasta el continuo de las estaciones del año. Así que cada estación ponen una mesita alusiva. Nosotros okupamos la parte de arriba de un librerito del estudio y violà! Hojitas secas, piedritas, piñas, un par de duendes, el farolito de otoño. Nos falta hacer una seta preciosa que vi en una página de manualidades muy muy MUY bonita que encotré en internet (www.thelittlehousebythesea.wordpress.com) y agregar algunas cositas que trajimos del paseo por el bosque del sábado.
Y ahí la llevamos. Ya les contaré más cosas otro día.
¡Un abrazo con amor!




