PARTE I: SOPONCIOS Y ENFERMEDADES
Después de tres años de no tomar ni una dosis de paracetamol (bueno, quizá una o dos sí) Fátima lleva dos tandas de sambutamol-prednisolone en treinta días. &%$!?(@AAARGGGGGGHHHHHHHHHHHHHH.
Dos días de mocos, un día de tos seca y luego ¡zas! Respiración agitada y superficial, músculos intercostales, hundimiento de abdomen y finalmente espasmo. WWWWARRRRRRRRAAGAGGGGGGGHHHHH&%/&%/"·(/"·&)("=)·(?"·)("·("&·"/"·%&"$·%"·$"%·$%"·$"%!!!!!!!!!!!!!
Y me da mucha rabia no tener un pediatra confiable y me da mucha rabia no tener un homeópata, un médico chino, un médico ayurveda ¡alguien que le desbolquee algo y que le recete algo que le devuelva la respiración si tanto mugre efecto secundario! WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.
Pero lo que más rabia me da es tener tanto miedo. Y eso da igual en España que en Libia que en México, creo que en todas partes lo tendría igual. En España le sumaría el miedo a llevarla al médico y tener que pelearme con el sistema de salud, que me denunciaran por no seguir el tratamiento indicado al pie de la letra, que me ficharan por no haber vacunado...En México seguro alguna otra cosa me inventaría. El problema no es dónde estoy sino el equipaje que llevo.
Aquí la suerte es que tengo una cuñada médico, muy cariñosa, respetuosa y de armas tomar. La primera crisis que tuvimos salimos corriendo al hospital, nos detuvo un tráfico horrendo y tuvimos que pedirle a unos chicos que detuvieran los coches para que pudiéramos girar y llegar a urgencias. Cuando por fin entramos nos encontramos con una cola como de 15 personas y no podíamos esperar. Mana se metió (trabaja en el Infantil) hasta las profundidades del infantil de donde sacó a un médico, nos llevó por pasillos y escaleras, logró que revisaran a Fati y le dieran la orden para nebulizaciones. Y la segunda vez que tuvimos que ir esa misma noche también nos acompañó cual hada madrina. Ese día sí pensé que no llegábamos.
Hace cuatro días empezamos otra vez justo cuando había anunciado públicamente que no me volvía a pasar. En cuanto empezó con la tos empecé con infusiones de tomillo y malva, le puse el collar de ámbar que se supone que es antiinflamatorio y apronté la homeopatía. Y por la noche en cuanto empecé a notar que cambiaba la respiración ataqué con la pomada respiratoria, los masajes, los tamborcitos...pero de todas formas a las 5 de la mañana empezó a complicarse más la respiración. Yo estaba dispuesta a no entrar en pánico, tener fe, orar con toda mi devoción, ponerme positiva, centrarme, confiar. Pero el papá de la niña decidió que directamente le enchufábamos las drogas esas. Siguió 24 horas respirando medio mal pero por lo menos no hizo falta correr al hospital.
¿Y cuál es el problema? El problema es que ambos progenitores tenemos una manera RADICALMENTE distinta de percibir la realidad y además de este abismo infranqueable (hay cosas que son así y na' más) somos INFINITAMENTE inútiles para comunicarnos, y si encima nos echan una situación de emergencia pues ya lo bordamos. Eso seguirá siendo así en cualquier lugar del mundo mientras no lo resolvamos, y el único agravante es que aquí no hay términos medios, o confiamos en nuestra intuición y los remedios naturales que hemos traído con nosotros, o nos vamos al hospital.
Como estamos en fase "exploración" para ver si logramos rodearnos de las cosas que necesitamos en Benghazi, pues un pediatra aparece como lo primero en la lista. Aunque me pregunto ¿para qué? si me va a recetar trecientas cosas que no voy a querer darle a la Fatis y nos vamos a quedar igual. ¿Seguiremos con homeópata y ayurveda a distancia? Lo dudo. ¿Encontraremos un buen especialista en Egipto, como hacen casi todos los libios? Dios dirá.
Por lo pronto es una buena oportunidad para deshacerme de ideas, miedos y dolores que no me sirven, de depurar mi legado salud-enfermedad. Me he dado cuenta que hay una línea muuuuy delgada entre cuidar la salud y obsesionarse con la enfermedad, y que yo camino con pasos bastante dudosos sobre ese filo. También me doy cuenta de que, a pesar de todo, siempre aparecen ángeles para ayudarnos (la hermana doctora, los chicos que detienen los autos, una amiga doctora conectada a las 5 de la mañana, una médica china que aparece justo cuando los achaques maternos superar por mucho lo que se puede aguantar, y me enseña a quitármelos yo misma...) Y, aunque no me apetezca, me están sirviendo en bandeja la oportunidad de meter al taller mis habilidades comunicativas y capacidad para tomar acuerdos con mi señor marido ¿lo lograremos? Creo que no nos queda más remedio.
PARTE II: EN BUSCA DE UN PROPÓSITO
Para lo que dan tres
meses
Creo que el único problema real de estar aquí es que no
tiene otro sentido nuestra estancia que la supervivencia, aparentemente, a
veces hay sentidos que se nos escapan, también es verdad.
El cariño de aquellos amigos añorados se mantiene en el
corazón pero no se refleja en la vida cotidiana, cada uno sigue con sus ocupaciones y con su
vida. Participamos de ella cuando ocurre algo trascendente: una boda o un funeral,
que son los dos factores que mantienen unido
el tejido social.
Con la familia hemos pasado un arduo proceso de
re-conocimiento. El cariño siempre está, pero nos vamos dando cuenta de la
distancia que necesitamos con cada uno de sus miembros. En realidad siento que
hemos venido a “meter ruido al sistema” más que a ser un factor de refuerzo
como habíamos creído románticamente. Hemos vivido muy diferente, comemos
diferente, pensamos diferente, compramos diferentes, nos curamos diferente, vamos,
como cualquier hijo que sale de casa y se construye su propia vida, lo que pasa
es que aquí eso es un exotismo inédito. Los hijos construyen su casa
(literalmente) sobre la de sus padres, y su pequeña familia se convierte en una
continuación de los mismos valores, sabores, costumbres, de la que (no) partió.
El aprendizaje del árabe para mí también se sale de lo
esperado. Mi profe nunca tiene claro cuándo puede venir a darme clases, en casa
hablamos español y cuando veo a mis cuñadas hablamos inglés porque lo que me
URGE es comunicarme. Y entre limpiar mi casa, hacer la comida, cuidar a Fati y
todos los etcéteras de la vida diaria no hemos podido dejar un momento sagrado
para que yo me ponga a estudiar por mi cuenta cada día. La tele de la que mucho
se aprende, jaja ¿cuándo?
Y he aquí la serpiente que se muerde la cola: como no hablo
el idioma no hay ninguna actividad en la que me pueda involucrar por mi cuenta,
mis cuñadas viven demasiado ocupadas para hacer de hadas madrinas y hasta ahora
no hemos encontrado ninguna actividad en árabe que podamos compartir con mi
señor marido, porque aquí cada género va por su lado. Tampoco hay actividades
organizadas para hacer con niños tipo clasesitas, talleres, biblioteca, dónde
conocer otras mamás y aunque las hubiera ¿cómo hablaría? Y tampoco hay
extranjeras o por lo menos yo no las he visto no hay embajadas ni consulados,
no hay alliance française, ni delegación británica, ni instituto cervantes. Me
falta buscar en la Escuela Internacional y probar a dar clases de español en
una academia para adultos por las tardes, pero
a) para
lo primero (y en realidad para todo) requiero la colaboración de mi marido que
no siempre piensa igual que yo.
b) no
estoy segura de querer trabajar por las tardes ahora que el día dura tan poco.
La esperanza de un pequeño espacio donde yo pudiera
desenvolverme se desvaneció cuando me di cuenta cómo son aquí los kinders y
dejé la escuelita de las niñas, desapareció asimismo la esperanza de tener al
menos tiempo para mí; para leer, releer, escribir sin un lugar dónde llevar a
Fátima por las mañanas.
Cual si fuera una gran ciudad, el tráfico en Benghazi separa a las personas. Hay
demasiados coches y la población se ha duplicado desde la guerra. Si a eso
agregamos que han pasado por lo menos 30 años sin dar mantenimiento a las vías
existentes y que se conduce a lo loco, tenemos como resultado traslados
larguiiiiiisimos para trayectos cortiiiiisimos. ¿Vale la pena desplazarse una
hora para tomarse un café de otra hora y emprender otra hora de vuelta a casa?
No creo que ninguna mujer en esta ciudad pudiera gastar de esa manera una tarde
entera para acercarse a una persona que no conoce (o sea, su servidora).
Por último, esas maravillosas oportunidades laborales, esos
proyectos en los que podríamos involucrarnos esas aperturas comerciales que
podrían incluso “salvar” empresas de la crisis española porque Libia hay mucha
“pasta”. Pues, resulta que hay pasta pero todo lo demás es un desmadre. No hay
instituciones que propongan, sostengan o coordinen dichos proyectos, no hay
autoridades que los aprueben, no hay leyes que los sujeten o aseguren. La vida
en pequeño sigue su curso, el que ya tenía un súper sigue con su súper y el que
hacía pan sigue con su pan. La gente va a saludar al jefe a su trabajo y se
regresa a casa, o de plano no va, de todas maneras le pagan. Creo que se pueden
imaginar lo que es un hombre acostumbrado a trabajar 12 horas al día a pleno
rendimiento físico e intelectual cuya única chamba consiste en INTENTAR hacer
una infinidad de trámites que no se concretan, INTENTAR ver personas que no
aparecen, INTENTAR organizar una vida que nomás no se organiza porque el estado
general de las cosas es desorganizado.
Y finalmente: lo que
no nos deja respirar
Lo que sí todos hacemos es esperar: esperar a que se forme
un gobierno, esperar a que se redacte una constitución, esperar a que se
establezca un mínimo marco de actuación comercial, industrial, etc. Y en
esperar desesperamos, pero los de aquí nos llevan ventaja. Han vivido en tanta desesperanza
que están todos “tocados”, su equilibrio mental y emocional es sumamente
fragil, todos tienen el físico afectado en mayor o menor grado. Entre eso y que
desconocemos los códigos lo tenemos muy chungo para relacionarnos, incluso con
la familia, hay que tratar a todo el mundo con pinzas y eso es agotador,
básicamente porque nosotros también estamos bajo mucha presión (interior)
porque nos falta un propósito.
Digo que nuestro estrés es interior porque en el exterior
nuestras necesidades básicas están cubiertas gracias a Dios (comida, techo,
abrigo, transporte, hasta internet y teléfono), pero lo que nos comprime el
pecho es no encontrar una razón, un propósito de peso para nuestra estancia. No
sentimos que hayamos venido al mundo para comer y dormir, y quizá es muy
soberbio de nuestra parte (finalmente ¿quiénes somos?), pero nos gustaría hacer
algo que nos permita ganarnos la vida (por una parte, los ahorros no duran
eternamente), Y APORTAR ALGO POSITIVO al lugar en el que estamos. Porque de esa
fórmula siempre hemos logrado aprender, crecer espiritualmente, alimentarnos en
todos sentidos y devolver alcanzando un equilibrio. Aquí el “¿para qué?” nos
carcome.
¿Será que también el propósito de nuestra estancia es
interior: volvernos pacientes, flexibles, agradecidos, humildes; APRENDER A
ESTAR JUNTOS, que las niñas fortalezcan sus vínculos con esta parte de su
herencia, que ganen seguridad interior; poner a prueba nuestra fe y nuestra
confianza, ejercitar nuestra conexión espiritual sin grupo de hermanos
naqshbandis ni diker ni hadra (todas esas reuniones que nos encantaban)?
Por ahora yo me declaro reprobada, suspensa. Estoy peor de
soponciada que mis congéneres, me aburro, me estoy quedando sin esperanza.
Tengo que encontrar urgentemente un propósito que me suministre el entusiasmo
necesario para sobrevivir: ¿descubrir “nuevos” poetas en internet, aprender a
negociar con mi marido a pesar de nuestras diferencias, conquistar un espacio
para mí en medio de la vorágine doméstica para estudiar árabe, emprender un
proyecto como publicar un libro con textos de este blog, hacer un estudio
etnográfico sobre las bodas, escribir un libro de cocina libia para
occidentales? Tiene que ser algo para lo que no necesite a nadie más ¿eso
existe? UUUUFFFFFFFFFFF.
Soy víctima del pesimismo. Ahora mismo sólo quisera irme a
mi casa, el problema es que no sé dónde está.
BUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.