lechuzadelosmares

Cambio el cuaderno de notas y la libreta con dibujitos por la página electrónica. Experiencia, experimento, experimiento. La libreta de mis sueños la seguiré guardando en mi cajón, pero aquí trazaré (trataré) la crónica de mis ensueños.

Tuesday, April 01, 2008

Amigos, hijos, textos, horarios, alucinaciones, miedos

¿Bañarse o escribir? ¡Escribir, sin lugar a dudas! Hago horas extras siguendo el sabio consejo de mi querida amiga la Bruja Buena del Norte, que se acuesta todos los días a las 12, dos horas después que su marido y sus hijos, para recorrer su casa en silencio como un hada, hacer sus cosas, mirar tranquilamente su felicidad, volver a querer a su familia al ritmo de su respiración de angelitos dormidos. Llevo como una semana hacíendolo. La verdad es que funciona, en ese rato (que no llegan a ser dos horas porque a diferencia de mi amiga yo he sido siempre un ser dormilón) dejo de ser mamá-mamá, HABIBAAAAAAAAA, secretaria, cocinera, limpiadora, telefonista y soy solamente yo. Un verdadero descanso. Luego, mi amiga se levanta a las 7 de la mañana y yo lo más tarde que puedo, porque ella dice que con niños no se puede vivir sin horarios, y yo en cambio con niña no soy capaz de respetar prácticamente ninguno.

Otra amiga, la Bruja Buena del Oeste me da miedo. Lo descubrí recientemente. No es que siempre me de miedo, claro está, me inspira muchísimas otras cosas. Pero según en qué situación también me asusta. Es que es tan contundente, tan intensa, tan inteligente que a veces me resulta amenazadora. Mientras sigo el hilo de esa sensación para ver a qué región de mí misma me lleva recuerdo que una vez una queridisma persona me dijo que yo le daba miedo. ¿MIEDO YOOOOOOOOOOOOO? ¡PERO SI SOY UNA BLAAAAAANCAAA PALOOOOOOOMA! Y que le daba miedo porque era impulsiva ¿IMPULSIVA YOOOOOOOOOO, QUE SOY EL MONUMENTO A LA RAZÓN Y LA PRUDENCIAAAAAAA? Pues así fue. Y detrás de ese miedo vino un gran silencio que llevó a un gran desencuentro que llevó a un encontronazo que llevó a un gran dolor que llevó a quedarme para siempre con ese afecto cercenado. Todavía ando paseando el muñón aunque casi nadie se da cuenta (menos mal).

Así que pensé que compartir con mi amiga mi descubrimiento ayudaría a ver su fondo y su solución. "No, mujer, no me tengas miedo, sólo eso me faltaba." Dijo ella. "Ya" dije yo, y ahí acabó la cosa. La verdad también me daba miedo decirle que me daba miedo. En conclusión: mi parte gallinácea tendré que "currármela" yo sola. Amén.

Me gustan mucho mis amigas, las lejanas y las cercanas, las sólidas y las blanditas, aunque pensándolo bien tengo más sólidas que blanditas y si es verdad que tendemos a rodearnos de espejos será porque yo también de alguna manera tiendo a la contundencia. ¿Será que yo también, a veces, doy miedo? ¿Y cómo se deja de hacer eso, de dar y de tener miedo?

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