Resulta
Que tengo un libro que se llama Laberinto que espera pacientemente a que me digne darlo a luz. Es una especie de homenaje a la ciudad, una especie de bitácora. Hay rastro de cuando andaba entre los cerros, de cuando vagué por las afueras (que no son más que los adentros), de cuando me convertí al publicismo y pasaba horas escribiendo en un ático. Mientras lo retomo, lo corrijo, escarbo, sopeso, descubro lo que se puede salvar, le comparto estos poemas.
Dragón
Cuando el cerro abrió los ojos
casi negro,
el dragón bajó punta en mano,
el tictac de la bomba en el pecho.
Tambores
a cada paso
del caserío.
La noche en sus oídos
para espantar el miedo
era guacharaca,
niña que decía secretos.
Relámpago
trueno
erizado cielo.
Todos vimos
rodar calle abajo las gotas
lentas y rojas
trenzar la calle
sin tambor
sin niña de los secretos.
Pez terrestre
Para el Paurake de la tormenta.
Te veo ahí, sentado en el viaje del tren
huésped del último vagón amarillo
pensando
la tarde morada de nubes
el norte te daba en la cara.
Una india cautiva te dicta al oído
su historia
tu historia.
Los pájaros te vuelven loco.
Te sueño envuelto en olas de piedra
tratando de descifrar tus manos,
las marcas de tu piel.
La voz del tren retira el velo:
estás en los brazos tatuados de la ciudad
en el centro del anfiteatro.
Te sueño
envuelto en el
grito
amarillo
final.
Tren
Desde la cañada entendí su grito,
su canto de ballena,
el temblor
de los girasoles junto a la vía.
La ciudad le había tendido
una alfombra de durmientes
un lecho de hierba.
Este amor de acero
recorre nuestras venas
desde lejos.
Cada parte de la ciudad
se estremece.
Puedo cerrar los ojos y sentir su paso,
sentir la pena que arrastra
como un fantasma oxidado.
El sol aguanta un poco y el tren
se precipita.
Los faros abren sus ojos,
la tarde duerme lentamente mientras el tren pasa.
Los vagones se suceden hacia la noche
morenos y desgastados.
Afilador
Su canto de ave con ruedas
se asoma por las terrazas
y las azoteas.
Afila el recuerdo
de las calles vivas
del mundo en meridianos de bicicleta.
Su pregunta
atraviesa el sueño de la oficina,
rasga la maraña de portales
y sitios intocables,
insensibles, invulnerables,
inbesables, inabrazables,
imborrables.
Sube y baja y se enreda
se posa entre las ramas
cuchillo de mi abuela
tijera con que mi madre
recorta estrellas
y campanadas de tela,
hachas que suben y bajan
conjurando la tormenta,
rayo de las siluetas,
voz rasgando el tiempo
filo de un beso.
El afilador descansa.
Le daré mis recuerdos
para que los hile en su rueca.
6 Comments:
Estimada Mariana, te puedo escribir a tu email?
el mio es zaira_espinosa@hotmail.com
pliss
Caray... con esta tu referencia a los Laberintos, caigo en la cuenta que cada vez que leo tu poesía me da la intriga de si en algún momento de tu variado navegar por el mundo alguna circunvolución se te volvió laberíntica y se hizo nudo, o si en mis patrones y definiciones del lenguaje quedó alguna laguna (pero grande, como Chapala) ¡por que no entiendo ni soca!
Bueno, aún así siempre me gusta leerte y lo importante es que escribas lo que ves y sientes, y que sientas y veas y vivas lo que se te de la gana, y que lo disfrutes.
¡Besos!
Un laberinto que invita a perderse en el. Animate y deja que vea la luz por completo.
tu amigo
El juglar Miserable
(obed)
Es increíble verse en los textos de los otros, pasado tanto tiempo (miles de años ya, porque los recuerdos de esas palabras y vivencias nos remiten a la época de ensueño).
La gente de los klanes anfibios (gente pez-mantarraya) y de la gente ave (gente paurake) celebra que la palabras y referencia de nuestra memoria y nuestra gente sigan y sigan, más allá de la piedra que por tantos miles años les han dado cobertura
Bonus track en video de la gente pez ave afroaridoamerikana:
http://www.youtube.com/watch?v=yWI8TXhPJ7c
http://www.youtube.com/watch?v=wgyEz5xgjsc
QUÉ tal si te regresas a trabajar en publicidad, a ver si así sigues escribiendo poesía. Jajajaja.
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