Sin duda es una de mis películas favoritas compartida con mi amada hermana. Pero aquí en Libia es la realidad de mi vida. Mientras mi concuña Manal me peinaba con suma profesionalidad para la tercera boda a la que invitan en estos dos meses, me preguntaba ¿Y en España no ibas a la pelu???? ¿A la pelu yo??? ¿Y para qué? En España no tenía bautizos, bodas, ni otros compromisos que ameritaran el gasto de peluquería. únicamente para cortarme el pelo cada tres meses, porque nuestros "eventos importantes" transcurrían con nuestra banda sufi y ahí todas vamos con pañuelitos muy monos y galas musulmanas.
En la pelu
El únicodía que intenté ir a peinarme a la peluquería, también con Manal, estuve una hora sentada y al final tuvimos que regresarnos a casa sin haber tocado el trono peinador. DEMASIAAAADAS mujeres haciendo cola para peinarse o pintarse, incluso alguna novia desesperada que llegaba tarde a su propia boda. Y es que parece que todas las parejas se casan después de Ramadán. Sólo
en nuestra calle ya llevamos como cuatro bodas y sigue la mata
dando.
La peluquería es un establecimiento con ventanales pintados de blanco (para evitar miradas indiscretas, claro está). Un tupido biombo te da la bienvenida nada más entrar, y dos hileras de sillas se amontonan llenas de mujeres de diversas edades esperando a ser atendidas. Sin velo, con unos pelos aplastados de pena. Eso sí, mucha alegría y mucha guasa entre la concurrencia. Especialmente cuando llegó una más parlanchina que las demás que al parecer había salido a tomarse un refresco. Bromas pa' acá, bromas pa' allá. Se sentó a mi lado y tuve que ceder la palabra inmediatamente a mi concuña por obvias razones. ¿Y qué me dijo la mujer?? Que ahora que estaba en Libya seguramente querría quitarme esos horrorosos pelos de los bracitos como hacen ellas. No me hizo falta traducción de ida ni de vuelta: "Hada Mamma, hada mía mía, muak muak muak" o sea, estos los heredé de mi madre y los amo tanto que les doy besos, a lo que ella contestó con una estruendosa carcajada.
¿Te van a maquillar? le pregunté a Manal ¡Nooooooo! dijo con horror, aquí las maquillan demasiado, mira. ¿Cuánto puede ser demasiado? pensé yo, y me quedó claro cuando vi a una probable-madre-de-novia bajar del estrado de las peinadoras y maquilladoras: su cara era BLANCA, sus ojos NEGROS, sus mejillas ROSAS. Sus cejas no eran sus cejas sino las de los Polivoces. ¿Cómo decirlo? La maquilladora había logrado borrarle totalmente sus propios rasgos para convertirla en un maniquí, en un travesti. Ella se miró al espejo satisfecha y acto seguido comenzó a ponerse su niqab. ¿Y qué es un niqab? AAAAHHH se trata de una pieza muy exclusiva, varias capas de tela totalmente negra, unas más densas que otras. La verdad no sé cómo logró atárselo detrás de la cabeza con las telas al frente, luego fue pasando unas para atrás y colocando unas delante hasta que quedó con toda la cabeza cuberta y sólo una franja de tela más translúcida frente a sus ojos. Hizo una llamada para asegurarse que su chofer (marido, hijo, sobrino U lo que fuera) estaba a la puerta y se marchó soñada.
Me parece entender que las mujeres que usan el niqab lo hacen porque se consideran demasiado bellas para los indignos ojos de los mortales. Van por la calle con un porte y una presunción que las demás no tenemos, con unos andares que ya quisiera la reina de Java. Fati les dice "los fantasmas" y lo curioso es los fantasmas también son amigables, a mis hijas a cada rato les regalan caramelos nomás por su linda cara...Trapos vemos, corazones no sabemos.
Las bodas
¿Y cómo sé que cuatro vecinas se han casado en lo que va del mes? Pues verán ustedes, primero por los foquitos de colores que cuelgan en tooooda la fachada de la casa de la novia. Segundo por los cantos y ululares femeninos que se suceden durante al menos tres días en que (Tercero) una o varias caravanas de coches traen: los regalos de la novia (el oro, ropa, muebles, etc) nomás a enseñarlos (o no sé si realmente el novio los lleva después al hogar conyugal que la novia todavía no ha pisado, toma ya); el "rami" o provisión para el banquete nupcial (que se prepara en casa y luego se lleva a la sala) incluyendo todo género de frutas, verduras y por supuesto, el o los corderos, que vienen vivos amarrados a la caja de alguna de las camionetas. Todo ello viene exquisitamente aderezado por multitud de claxons, fuegos de artificio y disparos. Y cuarto por la carpa que ponen frente a la casas mietras dura la fiesta.
Aquí todo se hace en bola, quiero decir en tribu, en amontonamiento, en graaaan grupo familiar. Parece que las bodas y funerales son los ejes de la vida familiar "en grande". La primera boda reunió como a 500 mujeres, sin exagerar. Hablo de la fiesta final, porque antes hay tres días en que la familia más cercana se congrega en casa de la novia o el novio, según toque y se quedan incluso a dormir, no sé si para ayudar a atender a todos los que van llegando o para no perder detalle. Durante esos tres días suceden muchas cosas que no he atestiguado todavía: la henna de la novia, la ceremonia formal del matrimonio, una gran comida para los hombres y finalmente la fiesta de las mujeres.
Las bodas son de 9 a 11 de la noche en una sala cerrada donde sólo hay mujeres. Cuando llegamos las mesas ya tienen sus vasitos, su botella de agua, sus latas de refresco, sus termos con agua caliente y su "kit nescafé". Un pelín después de las 9 empiezan a servir la cena que es casi siempre (o siempre) arroz con almendras, pasas y carne, más algunos "antojitos" como kofta (hamburguesita), alambre o pincho de pollo, brick o pasta rellena, ensaladitas. Curiosamente siempre hay una cesta con plátanos en medio de la mesa. Ignoro si tendrá un significado simbólico (ja) o si será pa' que la amable concurrencia entretenga el hambre nomás.
Todo el tiempo hay música, pero cuando llega la novia la música bailable se cambia por música "sacra": bendiciones e invocaciones que se cantan por la novia y el matrimonio. Me gusta porque parece que acentúa el carácter sagrado del matrimonio. Hasta que no entré en estos caminos del Señor no entendí por qué el matrimonio era un "sacramento" de la Iglesia. Aquí se dice que tu pareja es tu compañero en el camino hacia Dios, él o ella te dará el apoyo, la alegría, pero también el trabajo que necesitas para crecer como ser humano. Lindo ¿no?
Cuando a la novia le han hecho posar de las maneras más cursis imaginables y puede sentarse en su "trono" viene la música "cañera" y las mujeres se levantan a bailar (otras nos ponemos tampones de servilleta en los oídos). Siempre hay una contorsionista que realiza complicadísimas maniobras haciendo lujo de cadencia y elasticidad. Y otra cosa que me gusta, el resto de las mujeres no la miran con sorna ni la critican ¡no! la animan, le hacen ULULULULULULULUUUUUUUUU, aplauden al compás, incluso le pasan botellas y cestos para que se los ponga en la cabeza y siga bailando. A ratos le sale alguna compañera y yo me acuerdo de La Poyera Colorá. Como si estuvieran bailando una cumbia colombiana, igual.
Entonces viene mi momento favorito ¡llega el novio!!!! Y me divierte sobretodo porque las mujeres que antes bailaban luciendo sin escrúpulo alguno sus voluptuosidades CORREN a ponerse los velos y las abayas ante la presencia masculina. El novio le levanta el velo a la novia, le da un besito en la frente, se toman fotos con toda la family, bailan, cortan la tarta, se dan juguito el uno al otro y se van. Acabada la fiesta.
Mientras las mujeres se marchan vuelve a haber baile y risas y cantos y ululares. Y luego una larga cola de coches esperando a sus ocupantes y una larga cola de ocupantes detrás de las puertas esperando sus coches.
Me gustan las bodas libias, lo único que no me gusta es que la música suena demasiado alta y que el menú no ofrece ninguna sorpresa.
A la mañana siguiente
El teléfono sonó a las 7:30 de la mañana. La madre de mi concuña Naíma había fallecido y teníamos que ir a acompañarla. Bajé en piyamas a hablar con mi cuñada Amal para enterarme qué tocaba. Dijo algo muy extraño: "como la esposa del hermano mayor de la familia tu daber es estar ahi". ¡Dios mío! ¡Tengo deberes familiares" pensé yo. ¡Tengo familia para lo bueno y para lo malo, y YO tengo un papel que desempeñar!
Me pareció de lo más extraño. No porque no tenga yo mi propia familia (a la que amor, por cierto, aunque la procure astagfiruLah), sino justamente porque nunca he sentido que tenga ninguna clase de "deber" con mi familia. Cuanto he compartido con mis abuel@s, prim@s y tí@s lo he hecho porque me lo pedía el alma (tanto bodas como funerales) y más bien me he sentido siempre como una oveja, no negra, pero sí moteada, o coloreada, como los camellos de Hali, pero esa es una historia que todavía está por contar. Francamente no siento que haya sido capaz de aportarle nada a mi familia extensa, más bien tengo que agradecerles que me sigan queriendo A PESAR DE mi penoso desempeño y falta de afectividad (sorry banda, pero sí los quiero, eh).
Lo segundo que pensé fue ¡Dios mío y qué es exactamente lo que vamos a tener que hacer! ¿no será que nos va a tocar lavar y preparar a la buena mujer para su útlimo viaje? ¿o besarle la mano? ¡o a saber qué costumbres extrañas tengan en este lugar! Sí, hubo unos momentos de terror. Pero luego Amal me explicó que teníamos que ir a esas horas a casa de la madre de Naíma para saludar a Naíma, darle el pésame y estar un ratito con ella. Menos mal.
Odio los funerales, sobretodo porque va uno con sus dolores personales perfectamente acomodados y resulta que se salen de sus cajones, se alborotan, resuenan con los dolores y las pérdidas ajenas y se hace un mugrero de emociones que ya uno no sabe si son suyas o son de los demás. Ufffffff, el funeral de mi madre, ufffffffff, perder a mi madre, ufffffffff mis sobrinas y sobrinos, uffffff perder a la abuela, uffffff la lista de "nuncamáses", uf, uf, uf.
Me vestí pensando si un funeral es un acto social igual que una boda más o menos, si para mostrar respeto debería ponerme muy guapa o muy modesta, con maquillaje o sin él, y pensando también que si Diosito quería que yo estuviera ahí iba a tratar de hacer lo mejor posible y, por lo menos, intentar rellenar ese sitio con paz y con cariño y permanecer centrada mientras estuviera ahí pidiendo de corazón consuelo para la familia, un viaje feliz para la madre de Naíma y facilidad para todos los involucrados.
Eran las nueve de la mañana cuando llegábamos a la casa. A esas horas ya habían instalado una jaima o carpa fuera para los hombres y muchas sillas en el salón para las mujeres. Había posiblemente unas treinta o cuarenta cuando llegué con Amal y con mi suegra. Unas tranquilas, otras llorando, otras aullando. Las jóvenes de la casa iban y venían trayendo agua, café, té. Nos cruzamos con Hamadi (el mayor de mis sobrinos) que llevaba el té a los hombres. Naíma estaba todavía con su madre, ni siquiera había llegado todavía el médico a hacer el certificado de defunción y ya estábamos todas ahí alterando la paz del hogar.
Discúlpeme, doña, por no haber venido a conocerla en vida, y discúlpenos por estar aquí enturbiando su paz cuando todavía no acaba de irse, pronuncié dentro de mí para la difunta y sentí como si se riera mucho y dijera: ¡al final viniste, no te escapaste de hacerme la visita! y la sentí contenta de que todo ese montón de mujeres (que finalmente no eran MAS QUE la familia más cercana) estuvieran ahí, acompañándola.
Luego vino Naíma deshecha en lágrimas y al ratito tuvo que volverse a ir para acompañar al médico a extender su certificado, Naíma es médico, qué trabajo tan difícil le tocó. Yo traté de estar centradita, de no dejar mi mugrero y de poner mis energías en pedir mucho mucho porque el Jefe recogiera todo ese dolor y dejara nomás el cariño, Él sabe hacer esas magias, que transformara todo eso que iba saliendo en algo maravilloso para beneficio de todos, que recogiera el alma de la doñita, que la guiara con todo Su amor...
Al final de todas maneras tuve que salir al patio a tomar airecito porque me mareaba y me daban escalofríos. Una horita nada más estuvimos y volvimos a casa. Antes del duhur, la oración de medio día, se fueron a enterrarla.
Hoy estuve otro ratito y me di cuenta que DE VERDAD ayer sólo éramos "las más cercanas". Sillas por tooodas partes, la sala era un laberinto de sillas y desfilaban las bandejas de café. Tres días de funeral, todo en casa. Llega muchísima gente, alguna se queda todo el día y hay que servir comidas y cenas, algunos incluso se quedan a dormir, como en las bodas. Y la familia doliente a atender a todos ¿o será que se sienten acompañados? ¿que les duele menos?
Yo recuerdo esa larga cola de amigas al terminar la misa de mi mamá. Eterna, me parecía. Cuántos abrazos, cuántas lágrimas. Sí, mucho cariño ¡pero cuánto peso! Cuando terminó me sentí liberada, y eso que sólo era una cola de amigas.
Mañana otra vez. Lamento no conocer el protocolo ni poder expresar mi cariño en términos que para ellas pueden ser reconfortantes. Lamento no poder ser un verdadero apoyo porque mi concuña me cae realmente bien aunque no hayamos tenido tiempo de acercarnos. Lamento que las mamás y las abuelas se mueran y que uno vaya cargando dolores tantos años, pero reconozco que cada una tiene su trayectoria y que el final de cada una debe haber un premio maravilloso, un encuentro maravilloso, una auténtica "boda" con el Eterno, como decía Mawlana Rumi.
No lloren mi muerte, dijo a sus discípulos, celebren mi "Noche de Bodas" porque parto a reunirme FINALMENTE con el Amado. No puede haber boda más grande que la del alma con el Amor, aunque sólo los novios estén invitados.
Que Allah bendiga a nuestras abuelasy madres, las presentes de cuerpo y las presentes de espíritu, que les de plenitud, Luz y Cercanía ahí donde estén, que conserve la salud de las que estamos en este plano y que nos permita sembrar el amor en nuestras hijas (e hijos), para que puedan celebrar unas hermosas bodas terrenales y unas magníficas bodas celestiales cuando les llegue el momento. Al faaatiha.