Hali lleva tres semanas malocha, si no es de una cosa es de otra. Yo me pregunto si es la adaptación al hogar, el frío, las malas costumbres de su madre (como afirma la maestra del cole) o la somatización de mis emociones, aunque ésto último sería raro porque últimamente me siento muy bien.
En fin, si un ataque de tos no lo impide, procuraré escribir sobre mi lección de este momento vital: ejercita el arte de ser mujer. Me lo dicen con múltiples señas, guiños y hasta uno que otro coscorrón, pero ya lo voy asumiendo.
Resulta que en mi clase de danza una de las cosas que más trabajo me cuesta es dejar la rigidez (¡¡¡tómala!!!). Yo me planto ahí con mi súper postura alta de clases de ballet-flamenco-gimnasia y NO, porque se trata de hacer TIERRA no de elevarse, sino de arraigarse, no de subir la energía, sino de bajarla. Oh descubrimiento. Movimientos suaves, redondos, el pecho en posición media, no súper alta, el cuello sobre almohadas, no tirado por un hilo desde las alturas, la barbilla más bien baja, y aquí viene lo peor: la expresión de la cara. Sí señoras y señores, se baila con la cara y con la mirada. Nada de ceños fruncidos con el desgarro vital del baile español: dulzura, seducción, coquetería, complacencia, invitación. ¿Y por qué no somos capaces de hacerlo en clase? (efectivamente es un problema común) Muy fácil: porque nos da vergüenza. Y lo malo no es que nos de vergüenza esa tontería dancística, lo malo es que nos da vergüenza en la vida.
Serán arquetipos, estereotipos, sociotipos, prototipos o lo que sea. Masculino y femenino tendrán que definirse de alguna forma y supongo que es por oposición, o mejor dicho, por complementariedad. La cosa es que hoy en día, las mujeres, por lo menos yo, crecemos siendo fuertes, independientes, competitivas, agresivas, proactivas, ejecutivas, eficientes, etc, etc, y eternamente etc. ¿Y los atributos complementarios? ¿La dulzura, la solidaridad, la fragilidad, la paciencia, la flexibilidad...? Cuando llega el momento de la verdad la persona que amas te dice que no puede estar contigo porque te tiene miedo, por ejemplo. Y una mujer sabia te sale con la novedad: es que los hombres son cuadrados y las mujeres son redondas, REDONDAS, según la teoría de no sé quién.
Voy descubriendo que por eso en el sufismo el matrimonio es la mitad del camino, porque así femenino y masculino pueden cada uno hacerse cargo de un conjunto de atributos y ponerlos al servicio de un proyecto común. No puede haber hombres sin mujeres, decíamos el otro día en una reunión, ni viceversa. Y no se trata de condenar la soltería, esto aplica para la vida en general: amigos, hermanos, vecinos, familia...Cuando uno asume su rol facilita que el otro lo haga también.
Mi experiencia de los últimos días (¿o de los últimos años?) es una feliz vuelta a la feminidad. O por lo menos a encontrarme con una serie de actitudes que en mi propio universo son femeninas: aprender a pedir, aprender a recibir, aprender a esperar, aprender a invitar, aprender a atraer (en más de un sentido), aprender a rodearme de los modos y los medios para crear, y aquí me falta un verbo que podría ser algo como aprender a bellecear, no embellecer porque eso es una acción sobre otro sujeto u objeto, y lo que quiero decir es dejar que la belleza se manifieste en mí misma y se comunique a todo lo demás.